A mis amigos los elijo sin detenerme en aspectos políticos, económicos, religiosos o de cualquier índole. Y hace años que tengo una relación de amistad con el presidente Leonel Fernández. En el ir y venir, los libros, la política, el baloncesto o sucesos como encontrarnos observando procesos electorales fuera del país, nos han acercado. Por eso, intercambiamos ideas sobre múltiples aspectos desde el cariño y el respeto. Y ahora, que tenemos visiones encontradas respecto al plan anticrisis presentado por el gobierno del presidente Luís Abinader, no será la excepción.

He visto sus críticas al Plan Anticrisis y creo necesario destacar que el objetivo del Gobierno es proteger a las familias de menores ingresos y a la clase media, sin abandonar el rumbo de sostenibilidad y crecimiento en plena crisis internacional. Bajo ese criterio, se contemplan las siguientes medidas de protección:
- Se alivia la carga sobre los trabajadores de ingresos medios en un 15%, al indexar el mínimo exento del ISR personal, una variable que llevaba casi una década sin actualizarse. Es decir, el mínimo exento subirá de RD$34,685 a RD$39,900, lo suficiente para cubrir el costo de la canasta familiar no sólo del primer quintil, sino también del segundo quintil de ingreso. Esto es, en los hechos, un aumento general del salario.
- La deducción por gastos educativos sube del 25% al 30%, y al 50% cuando los gastos beneficien a personas con discapacidad.
Con respecto a las micro, pequeñas y medianas empresas el plan contempla:
- Las microempresas, que representan el 78% de todas las empresas que declararon ISR en 2025, quedan completamente exentas de los anticipos del impuesto.
- Las empresas pequeñas pasan de doce pagos anuales a sólo tres, y el sector agropecuario queda libre de anticipos e impuesto a los activos.
En cuanto al ITBIS, el Gobierno tomó una decisión deliberada: no tocarlo ni en su tasa ni en su base. Aumentar cualquiera de las dos habría afectado directamente el bolsillo de todos los consumidores, incluidos los de menores ingresos, porque se trata del impuesto que más incide sobre el consumo cotidiano. En medio de una crisis de precios internacionales, utilizar el impuesto al consumo masivo como herramienta de consolidación fiscal habría significado trasladar parte del ajuste a quienes menos pueden soportarlo.
Como antecedente comparable, cabe señalar que, por la crisis bancaria de 2003-2004, que impactó a todos los sectores de la economía y particularmente a los más pobres, la reforma fiscal aprobada en septiembre de 2004 mediante la Ley 288-04 elevó la tasa general del ITBIS de 12% a 16%.

Aprovecho para recordarle también que, frente al alto déficit fiscal heredado por las autoridades que asumieron en 2012, la reforma fiscal volvió a recurrir al ITBIS como herramienta de consolidación: aumentó la tasa de 16% a 18% y amplió su alcance sobre bienes de la canasta básica que hasta entonces estaban exentos, como yogur, mantequilla, café, chocolate y aceites comestibles, ampliando así la carga efectiva del ITBIS sobre el consumo. Además, para las personas físicas se mantuvo una escala progresiva del ISR de 15%, 20% y 25%, pero se suspendió temporalmente la indexación por inflación.
En esta ocasión, de lo que se trata es de combinar responsabilidad fiscal con sensibilidad, para cumplir con el objetivo de preservar la estabilidad macroeconómica y la paz social, las piedras angulares que sostienen nuestro modelo de desarrollo. Son ellas quienes permiten la atracción de inversión extranjera, el crecimiento del PIB, la creación de nuevos empleos y la reducción de la pobreza.
Destaco además que, a pesar de haber enfrentado varios choques económicos de origen externo, en el gobierno del presidente Abinader la pobreza monetaria se ubicó en 15.4%, el nivel más bajo de la historia. Este resultado no es producto del azar sino de políticas sociales efectivas, así como de un firme compromiso con mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables. ¡Esa es la razón del Plan Anticrisis!
Le comparto estas precisiones con el respeto y el afecto de siempre, porque sé que nuestras diferencias nacen de una preocupación común por el país. Pero precisamente por eso creo importante subrayar el punto de fondo: esta vez el Gobierno decidió no cargar la crisis sobre el consumo de la gente. Prefirió proteger el ingreso de los dominicanos y aliviar a quienes producen, sosteniendo la estabilidad económica con sentido de responsabilidad. Ese es el criterio que orienta el plan, y esa es la diferencia que me parece justo reconocer.

























