El Portal De San Francisco De Macorís

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Revisión y quejas

En la misma esencia del ser humano encontramos una bestia que acecha. Reta esa corteza cerebral que creció y creció hasta hacernos los más sabios del planeta. No hemos podido liberarnos de esa fiera, apenas sabemos cómo someterla. Llevamos millones de años intentando libranos de ella.

Si nos fijamos bien, somos la especie que gusta golpear, matar, robar, y engañar a sus iguales. Las demás, solo se comen entre ellas lo justo. El león no es rey de la selva, ni le interesa serlo; apenas pretende que lo dejen tranquilo en sus predios; no anda por ahí adueñándose de todo ni exterminando a otros animales. El hombre, sin embargo, cuando lo dejan- “dejan”- se adueña de lo que encuentra a su paso, sea de buena o mala manera.

Para merecer el sitial de “Sapiens, sapiens”- que piensa y sabe-, hemos creado instituciones, leyes, religiones, y hasta cuerpos armados. Fortines para “no dejar” que el bestia escape con demasiada frecuencia. La civilización se sustenta en esas creaciones. Si ellas funcionan, al colectivo se le llama civilizado; de lo contrario, subdesarrollado; o simplemente salvaje.

Ahora, debido a los médicos encartados en la mafia de SENASA, el Colegio Médico protesta. Quiere evitar que se ponga en riesgo la dignidad y credibilidad ética de sus afiliados. Argumenta- con toda razón- que la mayoría de los profesionales de la salud son personas de servicio y moral intachables. Asoma el colegio y se queja en defensa de su clase. ¡Bien hecho!

Pero el escándalo SENASA, más que una oportunidad para quejarse, ofrece otra al Colegio Médico que no debe desaprovechar: revisar la trayectoria y esfuerzos que, como institución, ha debido hacer para “no dejar” que algunos de sus miembros ejerzan como les venga en gana. Es el momento adecuado para incrementar e implementar políticas de ética y dignidad en su membresía; esas que mandan los estatutos originales.

Tomarse el tiempo y preguntarse- ahora que el robo SENASA parece indicar que, “si lo dejan,” el “sapien”; sea médico, financista, o funcionario, actúa como fiera hambrienta; devorando hasta la salud de los que menos tienen. Ha llegado el momento de la autocrítica.

Si bien es verdad que el número de médicos encartados es minúsculo, considerando el total de los que ejercen, también es cierto que el rumor publico aumenta ese número. Y si a esa cifra añadimos la de los que se dice participan en manejos turbios de servicios y practicas privadas, la cifra vuelve a crecer. Imaginemos, por un momento, que consultamos  actuarios, expertos en estadística, o encuestadores, y nos ofrecen un resultado preciso.  ¿Acaso no encontraran un número preocupante? No lo sé, pero la institución que debería velar por la praxis médica- no solo por las condiciones laborales de sus afiliados-, le toca ahora preguntarse si en algo ha fallado.

Se presenta, con este crimen desvelado, el momento preciso para que la sociedad y el gobierno urjan a las diferentes facultades de medicina revisar y responder acerca de la selección, número estudiantes, método de enseñanza, y horas dedicadas a inculcar valores y ética al alumnado.

Dado el número de inscritos, la dependencia económica del Estado, y su política de educación inclusiva, debería ser la UASD donde primero se exija esa revisión. Desde hace mucho la sociedad la espera. En medicina, pocos y buenos conviene más que muchos y malos.

El problema actual es ver con que facilidad, “si los dejaran”, los médicos rompen los límites de la ética y humanismo exigidos y, si resultan muchas, investigar si las facultades de donde provienen hacen lo suficiente para evitarlo.

Es tiempo de revisión y no de quejas. En particular, cuando los colegios se han ido transformando en sindicatos; como si fueran una ADP cualquiera.