Una izquierda que envejece mientras la juventud busca nuevos caminos
Hay preguntas que la izquierda dominicana no puede seguir postergando: quién está ocupando hoy el espacio político de la juventud? ¿Dónde están los jóvenes que alguna vez fueron la principal cantera de la izquierda? ¿Por qué una generación que sigue mostrando rebeldía, inconformidad y capacidad de protesta ya no encuentra en nuestras organizaciones una referencia,ni atracción política?
Este no es un problema menor. Es, probablemente, uno de los principales desafíos estratégicos que enfrenta la izquierda dominicana.
No existe, hasta donde conocemos, una estadística nacional que permita afirmar científicamente que el 90 % de la militancia de izquierda supera los 65 años. Pero basta observar la composición de muchas organizaciones, ver los rostros en las reuniones, actos y estructuras de la izquierda para advertir un fenómeno evidente: una parte considerable de su militancia histórica ha envejecido sin que se haya producido un relevo generacional proporcional.
Y mientras la izquierda envejece, la sociedad dominicana cambia a una velocidad extraordinaria.
La Oficina Nacional de Estadística señala que el 34.44 % de la población dominicana tenía entre 15 y 35 años según el Censo de 2022: prácticamente una de cada tres personas. (Ver el resultado del ultimo censo One.gob.do).
Entonces surge una contradicción que debería estremecer nuestras conciencias: ¿cómo puede una izquierda que aspira a transformar la sociedad tener tantas dificultades para conectar con uno de cada tres dominicanos?
EL PROBLEMA NO ES TENER 65 AÑOS
Tener 65, 70 u 80 años no constituye ningún pecado político.
Al contrario: quienes entregaron décadas de su vida a las luchas sociales, sindicales, estudiantiles, democráticas y revolucionarias poseen una experiencia histórica que no puede ser desperdiciada.
El problema aparece cuando la experiencia se convierte en inmovilismo; cuando la memoria sustituye al análisis; cuando las viejas formas de hacer política se presentan como verdades eternas; cuando se pretende organizar a la sociedad del siglo XXI con los métodos políticos del siglo XX.
Una revolución política necesita memoria, pero también necesita renovación.
Necesita veteranos que transmitan experiencia y jóvenes que aporten nuevas energias e impetud revolucionario.
Necesita continuidad, pero también ruptura.
La experiencia sin renovación puede convertirse en museo. La juventud sin memoria puede convertirse en improvisación. La tarea revolucionaria consiste en unir ambas.
LA IZQUIERDA PERDIÓ UN TERRITORIO ESTRATÉGICO
Durante décadas, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) fue uno de los grandes espacios de formación política de la juventud dominicana.
La UASD no fue simplemente una universidad.
Fue escenario de luchas sociales, debates ideológicos, movilizaciones estudiantiles y formación de generaciones enteras de dirigentes políticos y sociales. La propia universidad reconoce el papel histórico que tuvo la izquierda en el Movimiento Renovador Universitario surgido después de la Revolución de Abril de 1965 y su tradición de participación democrática.
Pero algo cambió.
La izquierda dejó de considerar la universidad como un territorio estratégico de disputa cultural,ideólogica y política permanente.
Y cuando una fuerza política abandona un territorio, ese territorio no queda vacío: otros lo ocupan.
Hoy la UASD continúa teniendo una intensa vida electoral estudiantil. En las elecciones de 2024, por ejemplo, participaron numerosos grupos estudiantiles, incluyendo organizaciones que conservan denominaciones históricamente vinculadas con tradiciones revolucionarias y progresistas;como el FEFLAS.
Por tanto, el problema no puede reducirse simplemente a afirmar que “la izquierda desapareció” de la universidad.
La cuestión más profunda es otra:
¿qué capacidad tienen hoy las organizaciones de izquierda para convertir esa presencia nominal en una propuesta política, cultural y social capaz de entusiasmar a las nuevas generaciones de estudiantes?
Esa es la pregunta que debemos responder.
LA JUVENTUD NO DESAPARECIÓ: CAMBIÓ
Este punto es fundamental.
Los jóvenes dominicanos no dejaron de ser rebeldes.
Cambió la forma de expresar la rebeldía.
Las nuevas generaciones viven en un nuevo mundo atravesado por TikTok, Instagram, YouTube, inteligencia artificial, plataformas digitales, precarización laboral, migración, crisis climática, feminismo, racismo, desigualdad, cultura urbana y nuevas formas de comunicación.
Una parte importante de la izquierda continúa pensando la organización política alrededor de reuniones, documentos, discursos, consignas y estructuras que fueron eficaces en otras circunstancias históricas.
Mientras tanto, el adversario político aprendió a hablar el idioma de la nueva época.
El capitalismo descubrió que no necesitaba solamente convencer en las plazas.
Podía hacerlo desde un teléfono celular inteligente.
Puede vender mercancías, estilos de vida, aspiraciones y valores durante 24 horas.
Puede transformar al consumidor en productor de contenidos.
Puede convertir el algoritmo en instrumento de orientación cultural.
Puede disputar la conciencia sin pronunciar siquiera la palabra “política”.
Y frente a esta transformación, una parte de la izquierda todavía actúa como si el mundo continuara funcionando como en los años setenta.
Ese desfase histórico tiene consecuencias políticas.
LA BATALLA CULTURAL NO SE PUEDE ABANDONAR
La derecha y las fuerzas conservadoras no necesitan necesariamente expulsar a la izquierda de los espacios juveniles.
A veces basta con que la izquierda deje de ocuparlos.
El vacío será llenado.
Por discursos religiosos, individualistas, meritocráticos, consumistas, nacionalistas, conservadores o simplemente apolíticos.
No se trata de combatir la religión ni las creencias personales de nadie.
Se trata de comprender que la política también se disputa en el terreno de la cultura, de los valores, de las emociones y de las interpretaciones sobre el mundo.
Cuando determinados sectores comienzan incluso sus actividades académicas con rituales religiosos, como ocurre según observaciones y experiencias que circulan dentro de la comunidad universitaria de la UASD, el fenómeno merece ser analizado culturalmente, no simplemente ridiculizado.
La izquierda no puede responder a esa realidad burlándose de las creencias.
Debe responder con argumentos, conocimiento, ética, cultura, ciencia, solidaridad y una propuesta de sociedad capaz de despertar esperanza.
EL MAYOR PELIGRO: CONVERTIRSE EN UNA IZQUIERDA DE SOBREVIVIENTES
Una organización revolucionaria no puede tener como principal mérito haber sobrevivido de la dictadura y la persecusión de los doce años del balaguerismo.
Sobrevivir fue importante.
Pero transformar la realidad es mucho más importante.
Existe el peligro de que algunas organizaciones terminen funcionando como círculos de antiguos combatientes, donde la conversación política gira permanentemente alrededor de lo que ocurrió hace 30, 40 o 50 años.
La historia debe ser estudiada.
Los mártires deben ser recordados.
Las luchas deben ser reivindicadas.
Pero ninguna organización puede pedirle a una generación nacida en la era digital que se incorpore políticamente solamente porque alguien le explique lo heroico que fue 1965, los doce años del Balaguerismo o el estallido de abril de 1984.
Hay que decirle también:
¿qué vamos a hacer con la inteligencia artificial?
¿Cómo enfrentaremos la precarización del trabajo?
¿Qué sociedad queremos construir?
¿Cómo combatiremos la desigualdad?
¿Cómo democratizaremos la tecnología?
¿Cómo enfrentaremos el poder de las grandes plataformas digitales?
¿Cómo construiremos una República Dominicana donde la juventud pueda vivir dignamente sin tener que emigrar?
Ahí está la batalla.
LA IZQUIERDA NECESITA UNA REINVENCIÓN
La renovación no significa abandonar los principios.
Significa actualizar la forma de defenderlos.
La justicia social sigue siendo necesaria.
La igualdad sigue siendo necesaria.
La soberanía nacional sigue siendo necesaria.
La defensa de los trabajadores sigue siendo necesaria.
La lucha contra la explotación y la desigualdad sigue siendo necesaria.
Pero las formas de organización, comunicación, educación política y movilización necesitan una profunda transformación.
La izquierda dominicana necesita pasar de la nostalgia por el pasado a la estrategia por el futuro.
Del recuerdo a la construcción.
Del discurso repetitivo a la investigación.
Del sectarismo a la capacidad de articulación.
De la política exclusivamente testimonial a una política presencial y de vínculo real con las masas.
De las estructuras cerradas a espacios capaces de incorporar a jóvenes que quizás nunca hayan leído a Marx,Engels, Lenin,Stalin o Gramsci, pero que están viviendo contradicciones sociales que esos autores pueden ayudar a comprender.
HAY QUE VOLVER A HABLAR CON LOS JÓVENES
No desde arriba.
No como profesores que llegan a impartir una clase.
Hay que escucharlos.
Preguntarles qué piensan.
Qué les preocupa.
Qué sueñan.
Qué los indigna.
Qué esperan de la política.
Qué piensan del capitalismo.
Qué piensan del socialismo.
Qué piensan de la corrupción.
Qué piensan de la migración.
Qué piensan de Estados Unidos.
Qué piensan de China.
Qué piensan de Palestina.
Qué piensan de la inteligencia artificial.
Qué piensan del futuro.
Y después de escucharlos, comenzar nuevamente la conversación política.
No podemos pretender que la juventud venga a nuestras organizaciones simplemente porque nosotros consideramos que tenemos la razón.
La política revolucionaria también consiste en saber escuchar.
NO HAY REVOLUCIÓN SIN RELEVO GENERACIONAL
La izquierda dominicana tiene una enorme deuda con su propia historia.
Pero tiene una deuda todavía mayor con el futuro.
El desafío no consiste en sustituir a los viejos militantes por jóvenes.
Eso sería un absurdo.
Se trata de construir una alianza generacional revolucionaria.
Que los veteranos aporten memoria, disciplina, experiencia y principios.
Que los jóvenes aporten creatividad, lenguaje, tecnología, nuevas sensibilidades y nuevas formas de organización.
Que unos aprendan de otros.
Porque una izquierda sin memoria puede perder su identidad.
Pero una izquierda sin juventud puede perder su futuro.
La República Dominicana está cambiando.
La demografía está cambiando.
La economía está cambiando.
La cultura está cambiando.
La tecnología está cambiando.
La forma de comunicarnos está cambiando.
Y si la izquierda no cambia también, terminará hablando sola.
La historia no se detiene para esperar a ninguna organización.
EL MOMENTO DE DESPERTAR
No estamos ante una simple crisis de edad.
Estamos ante una crisis de reproducción política.
Una generación se está retirando lentamente de la militancia activa y no existe todavía un relevo suficientemente amplio que garantice la continuidad histórica de la izquierda.
Ese debería ser un motivo de alarma.
Pero también puede convertirse en una oportunidad.
La izquierda dominicana necesita volver a mirar hacia las universidades, los barrios, los centros de trabajo, las comunidades, los movimientos sociales y, especialmente, hacia ese enorme universo juvenil que constituye una tercera parte de la población. (Ver el resultado del censo 2024).
Hay que regresar allí donde se está formando la conciencia.
Hay que recuperar la batalla cultural.
Hay que estudiar las nuevas tecnologías.
Hay que comprender las redes sociales.
Hay que hablar el lenguaje de las nuevas generaciones sin renunciar al contenido transformador.
Y, sobre todo, hay que demostrar que la política puede volver a ser una herramienta para cambiar la vida y no simplemente una carrera por cargos electorales.
La izquierda dominicana no necesita una jubilación digna.
Necesita una renovación profunda.
Porque el problema no es que nuestros militantes hayan llegado a los 65, 70 u 80 años.
El verdadero problema sería que no consigamos que una nueva generación quiera tomar la bandera y llevarla mucho más lejos.
Ese es el desafío.
Y quizás también sea la última gran batalla de la vieja izquierda:
no morir abrazada a su pasado, sino entregar su experiencia a una nueva generación capaz de construir un futuro brillante y promisorio.























