El Portal De San Francisco De Macorís

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El futuro de Haití

«En mí solo han derribado el tronco del árbol; las raíces son muchas y profundas: ¡brotarán de nuevo!» (Toussaint Louverture)

La abrumadora mayoría de los medios de comunicación capitalistas pretenden retratar la situación extrema de crisis en la hermana República de Haití como un callejón sin salida que solo puede ser resuelto con más intervenciones imperialistas de las que la aguerrida nación ya ha tenido que soportar a lo largo de su terrible historia. Sabemos que los nefastos dictadores que ha padecido fueron armados y aupados por el imperialismo estadounidense, una de las fuerzas históricas que más ha clavado sus garras en los asuntos internos de los países caribeños en los últimos cien años.

Por el «atrevimiento» de ser la primera nación en conquistar la emancipación y abolición de la esclavitud de las personas afrodescendientes en todo el mundo, las potencias occidentales le han impuesto siempre a Haití los peores castigos colectivos. Haití ha sido saqueada una y otra vez por sus élites en contubernio con los intereses extranjeros de las grandes potencias del mundo. A su vez, la historiografía oficial y los aparatos ideológicos de Estado dominicanos han inculcado por generaciones en las niñas y los niños un profundo odio y desprecio racista hacia todo lo haitiano, con el propósito de justificar la explotación y opresión de este pueblo a manos de las clases dominantes actuales de la República Dominicana, que descienden de las mismas élites perjudicadas históricamente por la Revolución Haitiana y su apoyo a los movimientos antiesclavistas en la colonia de Santo Domingo, que culminaron en una revolución social el 9 de febrero de 1822, que terminó por abolir permanentemente la esclavitud del lado actualmente dominicano de nuestra isla.

Desde ese entonces, las élites dominicanas —especialmente durante la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1891-1961)— se han dedicado a explotar inmisericordemente la «mano de obra» haitiana y a diseminar por todas las vías posibles el discurso antihaitiano que tanto ha calado en la población dominicana en la actualidad. Movilizando estos prejuicios racistas y xenófobos de una parte significativa del pueblo dominicano, han logrado distraer la atención de las graves problemáticas sociales, económicas y políticas que afligen a nuestro país, para los cuales estas élites no tienen solución, pues son sus propias acciones las responsables de estas.

Los medios de comunicación capitalistas quieren hacernos creer que la realidad haitiana es meramente un infierno caótico e imposible de comprender o resolver. Sin embargo, lo que muy a menudo omiten es la agencia colectiva misma del pueblo haitiano, que resiste cotidianamente al poder de la alianza entre las bandas asesinas lumpenproletarias y la nefasta corrupción del Estado parasitario lumpenburgués que recibe todo el apoyo oficial de sus amos en Washington. Agitando el miedo y el odio antihaitianos, estos mismos medios buscan convencer a los dominicanos y las dominicanas que la única solución al «problema haitiano» es una invasión militar imperialista para neutralizar a las bandas, ocultando el hecho de que es el mismísimo imperialismo el responsable de la situación actual.

El futuro de Haití ha de pasar por la auténtica ayuda humanitaria y la solidaridad y confraternidad entre el pueblo haitiano y el dominicano, las reparaciones por parte de Francia y Estados Unidos por los agravios históricos causados a Haití, la garantía de elecciones libres, transparentes y democráticas en la hermana república, la eliminación del tráfico ilegal de migrantes en la frontera, la restauración de la nacionalidad a todas las personas que fueron injustamente desnacionalizadas por la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional dominicano, la reinstauración del principio de jus solis para todas las personas nacidas en territorio dominicano y el inicio de un auténtico y bien diseñado plan de regularización para todos los haitianos y las haitianas que viven y trabajan en suelo dominicano. Pues, solo cuando ambos pueblos logren reconocer la humanidad intrínseca de cada uno y dejen atrás sus enemistades históricas, podrá comenzar el necesario proceso de verdad, justicia y reconciliación que nuestra isla tanto necesita.