En Mateo 4:4 de la Biblia se cita una frase de Jesucristo que se ha convertido en un refrán popular. A pesar de existir diferentes versiones, una de las más aceptables dice: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Y la cita viene al caso porque algunos prominentes personajes del sector turístico están proponiendo los rumbos futuros de nuestra industria turística. Las ambiciosas implicaciones de las propuestas imponen otear los requisitos de su implementación. Al visualizar los roles que deberán adoptar la gestión pública versus la privada se podrá discernir si las propuestas son divinas o realistas.
Una primera declaración que merece distinción es la que emanó del destacado empresario turístico Frank Rainieri en el contexto de la XXXVIII Exposición Comercial de ASONAHORES. En una entrevista del programa radial El Zol de la Mañana, Rainieri dijo que la gran meta del pais en lo adelante no es atraer un mayor número de turistas sino duplicar su gasto en la estadía. Luego apuntó la necesidad, ante una creciente escasez de personal calificado en el sector, de reforzar significativamente la formación técnica de los futuros trabajadores. Para ello propone que todas las escuelas públicas tangan programas de inmersión en el inglés y que se creen programas para formar los mandos medios. Y finalizó criticando el bajo nivel de inversión pública en el sector.

Algunas de las retadoras propuestas de Rainieri han sido secundadas por otras voces. El economista Nassim Alemany propuso también que las prioridades sectoriales incluyan el aumento del gasto del turista y la extensión de la estadía. Mientras, el mismo ministro de Turismo sugirió a los empresarios hoteleros que aumenten sus tarifas para lograr ese incremento. Nadie ha pedido, sin embargo, que los agentes privados mejoren la calidad de sus servicios ni que atiendan mejor a las necesidades de sus colaboradores. Tampoco han dicho nada sobre la contribución económica que las empresas podrían hacer para llevar a cabo esas propuestas.
Todas las propuestas señaladas ostentan la santidad del raciocinio. Nadie podría oponerse a que entre las grandes prioridades del desarrollo sectorial figuren el aumento del gasto y de la estadía. Ahora bien, eso no se conquista fácilmente. En los dos últimos años hemos sido favorecidos por severas calamidades de nuestros principales competidores (Cancún, Cuba, Jamaica, Puerto Rico) y eso ha permitido que los hoteleros eleven aquí las tarifas, aunque la estadía promedio no ha variado mucho. Pero esas coyunturas son pasajeras y en el futuro nosotros no podemos contar con que recurran tales calamidades. Lo que si podemos y debemos implementar son iniciativas que refuercen nuestra competitividad mediante el mejoramiento del producto turístico. Y para eso se requieren esfuerzos tanto del sector público como del privado. El deslinde de responsabilidades entre los dos hemisferios es crucial para evaluar su posible factibilidad.
En tal sentido, debe quedar bien claro que el aumento del gasto no puede ni debe lograrse con una mayor promoción internacional a cargo del Estado dominicano. Tampoco se conseguirá mucho en este renglón si los privados solamente aumentan el gasto en promoción. Ellos tienen que mejorar su competitividad mediante inversiones e innovaciones que conviertan a su planta hotelera y a sus servicios en grandes competidores internacionales. La mayor competitividad así lograda, sin embargo, no beneficiará tanto a la economía nacional sino a la rentabilidad de sus inversiones. Las más altas tarifas las cobran los privados y eso no necesariamente percola en mayor tributación ni en mejores salarios para los colaboradores nacionales. Solo si existe una derrama económica significativa, producto de una hibridación del todo incluido y otras iniciativas, se podrá visualizar esos beneficios.
Respecto al rol del sector público es válido pedir una mayor inversión en el enriquecimiento del productos turístico nacional. La diversificación de sus atractivos y el mejoramiento de la infraestructura de servicios básicos son responsabilidad estatal. Una carretera, un puente, la puesta en valor de atractivos históricos, la preparación de las áreas protegidas y el cuidado del paisaje son algunas de las intervenciones públicas necesarias. (El proyecto de INAPA/BID sobre las ciudades turísticas y costeras es un esfuerzo en esa dirección.) Otra de gran trascendencia seria la elaboración de un Plan Sectorial de Desarrollo de los Recursos Humanos, una responsabilidad del MITUR e INFOTEP.
Pero en el referido evento de ASONAHORES también el Banco Popular ofertó el acompañamiento a sus clientes hoteleros para impulsar y desarrollar acciones a favor de la sostenibilidad, lo que considera un factor clave para fortalecer la competitividad, eficiencia y resiliencia de la industria turística nacional. Ofrece acompañar a sus clientes en “la reducción de la huella de carbono y en criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), y en la transición hacia una economía baja en emisiones contaminantes, que los ayude a adaptarse a los efectos del cambio climático.” Tal oferta está más sintonizada que las anteriores propuestas con la Política Nacional de Turismo Sostenible y la Estrategia Nacional de Sostenibilidad Turística que esta trabajando el MITUR con asesoría de ONU Turismo.
De manera que calidad, diversificación y sostenibilidad siguen siendo los renglones prioritarios para impulsar adecuadamente el desarrollo sectorial. Bifurcar idóneamente las responsabilidades entre el Estado y los agentes privados es la tarea pendiente que puede garantizar un desarrollo equilibrado que beneficie a los intereses nacionales y a los agentes privados. Es preciso que los titulares de los periódicos no se llenen solo con las noticias sobre las tareas pendientes del sector público. Es preciso que también reflejen las responsabilidades de los privados.
























