DIAGNOSTICO Y MOTIVO
1) CCM-III:
122.02 Homicidio doméstico escenificado
104.00 Asesinato en un secuestro
El Manual de Clasificación Criminal (Douglas et al. 1992/2013, cap. 1 p. 10) admite e incluso recomienda utilizar más de una categoría clasificatoria en un caso (sobre todo si hubo múltiples agresores) cuestión de abarcar todos los motivos del crimen, comenzando por el predominante o más letal. En este caso se trató de un homicidio doméstico (como dijimos, los Redondo Llenas y los Llenas Aybar eran muy unidos y vivían en residencias contiguas que para nuestros fines se pueden considerar esencialmente como una y la misma) y según nuestro análisis por un motivo personal en Mario José Redondo, pero más o menos subconscientemente disimulado o escenificado por él como si fuera un intento fracasado de secuestro por dinero (cf. Douglas & Olshaker 1995, cap. 15). De esto último es de lo que probablemente Juan Manuel Moliné estaba convencido, pero como vimos al final de nuestra 1ra sección las características del crimen sugieren fuertemente una verdadera causa conflictivo-pasional en el matador (los rencores, la selección de la víctima, el traer el cuchillo para los fines, el asesinato de tipo personal a corta distancia y con tanta saña, la agresión final directa al cuello, la absoluta hipocresía con los tíos…). Luego de este largo análisis de todos y c/u de los fragmentos (las diversas pruebas y declaraciones) disponibles, nuestra ‘síntesis’ o reconstrucción lo más coherente posible (Michaud & Hazelwood 1998, p. 318; Hazelwood & Michaud 2001, cap. 8), hipotética pero globalmente verosímil de los hechos del 3/V/96 es la siguiente (redactada para empezar como si fuera Mario José pensando en 1ra persona)…
– ¡Ya tengo demasiado tiempo desesperado atrás de dinero! Pero en gran cantidad, que se vea, para yo invertir, para ser ya rico de un golpe y poder despegar con mis propios planes de vida [su desmesurada ambición materialista, estudiaba administración de empresas]; si mi tío y vecino José Rafael Llenas Menicucci no hubiese “engañado” a mi mamá Nora Llenas Menicucci con esas propiedades heredadas del abuelo Llenas probablemente no tuviera hoy este problema, por eso tengo serias diferencias con él, le guardo rencor desde hace tiempo [para nosotros el verdadero motivo, predominante y potencialmente letal: Fernández 1996, Lora 1998; aunque seguro estaba sobremagnificando subjetivamente: Z confabulaciones de color, Szondi p+!]. Para colmo, ahora que terminé arrimándome al rico argentino Luis Palmas a quien admiraba, quien sí sabe de negocios ‘por la izquierda’ rápidos y productivos, me salió el tiro por la culata pues me arriesgué a buscarle una droga a Barahona y no sólo no me paga lo acordado, sino que además me humilló, abusó de mí y me forzó a hacerle sexo oral ‘chupándoselo’ [suponiendo que esto fue cierto: única situación estresante o trauma potencialmente precipitante mencionado en el caso con la envergadura para terminar de desestabilizar una personalidad ya frágil, para generar un intenso deseo asesino]. ¡Qué rabia! ¡Quiero ‘empatármela’! Pero tengo un buen plan de venganza: con el argentino he participado en conversaciones de posibles secuestros de gente rica [crimen habitual en la AAA argentina], los García, los Viyella, los Pellerano… Yo puedo hacerlo por mi cuenta, con mi primito que es fácil de engañar, y es ahijado de Pellerano, puedo pedir $10 millones [le ofreció justo la mitad, 5, a Moliné y nunca se habló de una tajada para Palmas]; y además así le cobro la cuenta pendiente al tío [padre e hijo tienen el mismo nombre, era lógicamente su preferido, agrediendo al hijo agrede al padre]. ¡Cualquiera se lo mata! Voy a llevar un cuchillo por si acaso [no era necesario: el niño era dócil, nunca se resistió aún cuando su primo le dijo que tenía que amarrarlo por órdenes de “un enemigo de tu papá”, incluso prometió que no iba a gritar y no lo hizo, no era contrincante para dos adultos], no me importa que sea mi primo, tengo la razón y ellos lo tienen bien merecido [su egocentrismo, la conducta con el cuerpo (trancarlo en un baúl inmovilizado, darle 34 puñaladas, tirarlo al arroyo sin muestras de remordimiento) y luego con los tíos]. Seguro Moliné me ayuda, ése necesita más cuartos que yo, y lo puedo mandar diario a Jarabacoa a darle vuelta y a llevarle la comida [declaraciones transcritas de este último]…
[Nota: estamos asumiendo arriba el serio riesgo de tomar como posiblemente cierta la violación homosexual de Redondo por parte de Palmas, con el confirmado mentiroso como única fuente de tal alegato, por la tentadora razón de que esta idea termina por darle completo sentido al resto de los elementos de la historia mucho mejor comprobados: su ubicación temporal justo antes (marzo o abril) del asesinato como su posible precipitante precisamente en una personalidad sexualmente acomplejada (Rorschach: choque al rojo, complejo ante figura paterna), y que explicaría además el enigma de porqué se revirtió su marcada admiración inical hacia el segundo, padre de un íntimo amigo y con poder político, al extremo de acusarlo de “satánico”; es una deducción en la que podemos estar efectivamente equivocados, pero entonces a nuestro análisis le faltaría ese desconocido factor detonante final de su propio crimen, ¿cuál otro sino? Por demás este aspecto de nuestra reconstrucción convertiría entonces a Mario en víctima a su vez de otro supuesto crimen (violación) pero de ninguna manera equiparable a José Rafael, marcando una distancia del cielo a la tierra: aquí se trataría de un joven ya adulto, plenamente consciente de que se estaba asociando a un personaje agresivo y criminal al que supuestamente desde diciembre ya había sorprendido violando a un muchacho. El calificativo de “víctima inocente” le queda entonces demasiado grande, más bien él habría asumido un calculado riesgo interesado y terminó perdiendo la apuesta.]
El arriesgado plan comienza entonces a ejecutarse, con la atractiva excusa de la exhibición (la familia era aficionada a las carreras) lleva al primito donde Moliné quien no lo conocía, cambian al carro de este último el cual no puede ser asociado con el niño, arrancan por la autopista Duarte, de camino lo inmovilizan con la cinta todo según planeado, pero… al carro le fallan inesperadamente los frenos por Villa Altagracia, lo que nadie podía prever. ¡Otro fracaso y más pique, cuando ya los millones se veían cerca! No hay nada que hacer, es muy peligroso para ellos seguir, por suerte no están tan lejos y pueden llegar de regreso poniendo cuidado. Pero habiéndose desbordado la copa de la rabia, habiendo ya cruzado en su corazón la línea criminal sin retorno, Redondo pasa al plan B que lo hilvana quizás al momento pero que ya borrosa pero resueltamente se ‘cocinaba’ desde antes en su interior; ya no habrá cobro material pero sí en venganza: de regreso se desvía en Pedro Brand en dirección a la finca de los Palmas Meccia donde ya ha estado en varias ocasiones, se detiene muy cerca de ella sobre el arroyo Lebrón, abre el baúl y apuñala repetidamente al ‘tesoro’ del tío descargando toda su rabia acumulada para sorpresa de Moliné (quien quería presentarle todo al muchacho con la excusa de que era un relajo; pero para Redondo todo es diferente, así al menos se cobra algo y puede a la vez echar sospechas sobre el maldito argentino: “Redondo Llenas confesó al tribunal que su odio a Palma de la Calzada era de tal magnitud [por la humillación a la que asumimos lo sometió] que, cuando le infirió las 34 puñaladas al cuerpo de su primo, pensó que se las estaba dando a él y no al menor”; Mercedes, 2026), lo tira precipitadamente al agua sin muestra alguna de remordimiento junto a otras evidencias ensangrentadas, y se van. Redondo sabe perfectamente cómo continuar con su teatro y así lo hace sin despertar sospecha alguna, y puede luego en el momento adecuado lanzar disimuladamente las suyas hacia Palmas y su finca –seguro llena de evidencias delictivas– matando así dos pájaros de un tiro; y probablemente hubiese tenido éxito si Moliné no hubiese tirado inadvertida/desorganizadamente en la escena el cartón con el teléfono de su novia, y si no hubiera confesado todo al otro día tan pronto lo interrogaron.
A propósito de la supuesta caja (nunca encontrada, Moliné ni siquiera la menciona) conteniendo según Redondo las instrucciones escritas de Luis Palmas para el secuestro, con el mapa, el walkie-talkie y el famoso beeper, la historia no nos parece para nada creíble (y ya sabemos lo bien que Redondo sabía mentir, de inicio a su propia familia) por varias contundentes razones: ¿qué podían decir esas instrucciones escritas, potencial evidencia comprometedora, que ya no hubiesen podido hablar en persona con menos riesgo de malentendidos? ¿Y un mapa para qué, acaso no sabían dónde estaba Jarabacoa? ¿Y cuál era el propósito del walkie-talkie de limitado alcance? ¿Y porqué iba Palmas a enviar por beeper un mensaje con el código ‘666’ si los que podían realmente informar que algo había salido mal –como efectivamente sucedió– eran los mismos secuestradores que iban con el secuestrado en su vehículo y no alguien distante? Esta parte de la historia no tiene ni pies ni cabeza, como no los tiene el seguramente inexistente y ya discutido ‘rito satánico’ traído por los cabellos lógicamente para demonizar a Palmas. Por cierto, varias declaraciones por escrito de la época hablan de llamadas telefónicas por celulares que ya entonces comenzaban a ser de uso común (Moliné: “…en el camino las cosas se complicaron, hicimos una parada en la carretera y Mario se alejó de mí y habló por el celular con alguien… parece que le dijo a la mamá del niño que lo había dejado en La Bolera”; y esta misma madre Ileana Aybar: “A las 5:10… recibe una llamada en el celular. Era Mario José Redondo Llenas, el primo, de 19 años. Le dijo que José le había pedido que lo deje en el bowling” según Lora, 1998; negritas añadidas), nueva tecnología que ya hacía por tanto anacrónico y totalmente innecesario el tener que recurrir al beeper o al walkie-talkie (Morrison, 2016). Por otro lado si nuestra reconstrucción es correcta, conservar esta caja y su contenido hubiese sido la mejor evidencia para demostrar su alegato de la complicidad de Palmas quizás hasta con sus huellas digitales… pero dizque obedientemente se la devolvió.
Naturalmente, con las limitaciones inherentes al caso y a nuestro rol en él no podemos demostrar punto por punto que los hechos sucedieron exactamente así, y sin embargo no vemos una mejor reconstrucción de conjunto que le dé sentido a cada elemento del crimen conocido o comprobado (con la única excepción de la violación por Palmas, la pieza del factor precipitante que faltaba pero que ajusta perfectamente con el resto) y en el orden en que fueron sucediendo; y Redondo nunca quiso confesar responsablemente esta parte de la venganza personal intrafamiliar como su verdadero motivo, ni siquiera al salir ya con su pena cumplida; o más bien quiso retractarse a partir cierto momento (¿aconsejado por su defensa? Fernández, 1996) confundiéndola con nuevas, diferentes y más escandalosas versiones, era demasiado autoincriminatoria. De haberlo hecho ahora al ser liberado hubiese sido una buena demostración de estar honestamente arrepentido y regenerado, en nuestra opinión. Lo que sí indican las evidencias, la experiencia criminológica y la simple lógica es: que él tenía de partida ambiciones económicas desmesuradas, aunque no vivía para nada mal; que el secuestro estuvo apáticamente planificado y que iba a fracasar de todas formas, como si no importara (porque no era el verdadero motivo sino una excusa para ‘verse obligado’ a matarlo); que Luis Palmas no participó (al menos en este crimen) y que tampoco hubo una conspiración ‘satánica’ de su parte, independientemente de que fuese por su lado un practicante del satanismo (¿?); que Mario José tenía importantes diferencias con su tío Llenas (admitido por ambos); que previó expresamente llevar un cuchillo (testificado por Moliné), el arma homicida; que luego del fracaso del viaje realmente no había una absoluta necesidad de matar al menor, todavía se podía buscar alguna excusa o explicación más o menos plausible aunque los tíos se disgustaran; que sin embargo lo asesinó enseguida con saña y lo descartó insensiblemente; que hasta la confesión de Moliné se comportó con absoluta frialdad y malicia, para nada con la apatía inicial; y que para alguien de su nivel de vida cometer súbitamente un homicidio premeditado tenía que haber un serio factor precipitante reciente, un trauma o humillación muy personal. Al final, según entendemos, Redondo sí logró conseguir buena parte de lo que quería: no los ansiados millones, pero sí al matar a José Rafael Llenas hijo dejó una herida de por vida en el corazón de José Rafael Llenas padre quitándole algo muy suyo, e implicando escandalosamente a los argentinos destruyó irremediablemente la reputación y la vida acomodada en R.D. de los ‘perversos satánicos’ Palmas-Meccia.
























