El Portal De San Francisco De Macorís

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Después de Trump, ¿qué?

Todas las medidas emprendidas en nombre del «rescate de la economía» se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres”. – Zygmunt Bauman-.

Es improcedente apuntalar el resurgir de las derechas extremas sin admitir que este fenómeno político, contra natura, no por su filosofía, sino, más bien, por las características socioeconómicas del grueso de la población que los aúpa y los coloca en condiciones de gobernar, tiene como sustento destruir todo lo distinto a sus intereses inmediatos. Lo paradójico es que este segmento al que me refiero, responde, en su mayoría, al estrato más bajo y deprimido de las sociedades, justo a quienes los portavoces ultraderechistas catalogan de retranca para el progreso de los pueblos y del modelo que gestó sus naciones.

La derecha política desde la segregación por estatus económico y la cercanía con la monarquía en la famosa Asamblea de 1879 en Francia, ha jugado en contraposición con la izquierda revolucionaria o progresista, un rol específico en la articulación filosófica de ideas que contrastan con el esquema establecido en los preceptos de un marxismo mutable que suscribe su lógica en la Justicia Social y en la llamada Doctrina Social de la Iglesia. Desde antes y posterior a ese hecho, cada grupo representativo en la comunidad guardaba rasgos distintivos con la conjura identitaria de su armazón filosófico.

La religión fue quizá el único germen divisor entre los hombres nacidos y criados bajo el azote permanente del burgués, que, utilizando un mecanismo de represión pasiva autoimpuesta a las masas, azuzó y mantuvo en cautiverio psicológico a pueblos enteros con el objetivo de menguar la expansión de las ideas revolucionarias y cientistas y así mantener la hegemonía del rico sobre el pobre con estratagemas de compensación post mortem. La iglesia en su conjunto actuó de manera deliberada en la construcción de mitos anticomunistas en una alianza perniciosa que aún pagamos con nuestro esfuerzo, sudor y lágrimas.

La pugna es legal. El hombre ha sabido, según su visión del mundo, defender y validar a través de los mecanismos contextuales de asunción al poder, el conjunto doctrinal acorde a la realidad social circundante a su misma realidad con el fin de otorgar el poder a la estructura cuya visión representa su más sagrado interés, individual o colectivo. Así había sido y debe ser cuando la democracia camina sin patas cojas ni juega a la complacencia primitiva de naciones poderosas, que, en función de su capacidad bélica, someten gobiernos y países a posiciones deprimentes en el orden geopolítico.

Lo preocupante de esta nueva realidad política no es Quién sino, Cómo nos gobiernan y Cuáles mecanismos se han impuesto en las últimas contiendas electorales a los pueblos de América. Qué papel juega el poder de los Estados Unidos en las luchas del traspatio por la conquista de voluntades y cómo ha afectado el Efecto Trump a unas democracias construidas sobre los huesos de la gente que esa derecha sepultó en el pasado.  Siempre el Tío Sam. Promueve y auspicia con recursos y estrategias uno que otro político ligado a su interés de expansión, pero lo que vemos después de la segunda llegada de Trump debe ser objeto de preocupación de todo aquel que ama la libertad y la determinación de los pueblos.

A simple vista parecería el capricho de un niño que juega al titiritero con la misión lúdica de desarrollar ciertas habilidades y lo triste, lastimoso y preocupante es que, más allá de ver estos pueblos como marionetas del poder geoestratégico, utiliza nuestra debilidad como colchón para sostener una armadura corroída por un gigante que arrasaba con el mercado mientras ellos jugaban a policías, dejándono solo los ladrones.

La era de Donald Trump, es sin dudas un estancamiento para las políticas progresistas y socialistas de las Américas, una mancha en el paso de la historia política y un peso con el que deberemos cargar por un largo tiempo. Pues, más allá de noviembre del 2028, subsistirán las secuelas de una política expansionista diseñada para la eliminación de las naciones y el circo mediático como método eficaz para el control de masas. La duda sobrepasa el imaginario y la incertidumbre nos convoca a preguntar: “Después de Trump, ¿qué?”.