Vernos y actuar en este mundo actual

Es prácticamente unánime la creencia de que el mundo vive la crisis de certidumbre y de fragmentación más profunda de toda su historia. Significa esto que en la esfera de lo político, económico, social y cultural nada es ni será como antes. Las colectividades e individualidades que no hagan conciencia de esta circunstancia caminan hacia la perdición. Irremediablemente. Esto significa que, como país, e incluso hasta como singulares individuos, tenemos que reflexionar nuestras prácticas y tener conciencia de que no podemos seguir haciendo las cosas de manera rutinarias; vale decir, como lo hemos hecho siempre. En ese sentido, el liderazgo político está compelido a verse y actuar en esta compleja coyuntura que vive el mundo.

El elemento político más saliente de la presente crisis mundial es el combate a la democracia que lleva a cabo ese difuso y confuso movimiento que, por sus posiciones de contenido de intolerancia hacia la diversidad de todo tipo, supremacista y violencia, muchos lo califican de neofascismo, el cual se ha constituido en poder en varios países y con serias posibilidades de serlo en otros tantos. Como en el pasado, el neofascismo actual es violento, racista y represivo, alcanzando los escandalosos niveles de persecución a los migrantes que se desarrolla actualmente en los EEUU, donde residen aproximadamente 2,4 millones dominicanos o de origen, un (84%) de los casi tres millones de la diáspora dominicana en el exterior.

En España vive la segunda mayor cantidad de migrantes dominicanos o de origen y es casi seguro que en breve allí surgirá un gobierno rabiosamente antiinmigrante. La ultraderecha española amenaza con implantar un régimen que expulsaría/perseguiría a centenares de miles de la población migrante o de origen.   Y es que, en este tiempo de crisis o colapso de gobiernos democráticos, está dando paso a lo que muchos pensadores han acuñado el concepto etnocracia, gobiernos basados en la concepción de la supremacía de una determinada etnia, raza como erróneamente dicen algunos. Ahí radica uno de los mayores peligros del neofascismo, pues la imposición del supremacismo de una determina etnia o minoría nacional implica el desconocimiento o limitación arbitraria de los derechos de otras.

En ese sentido, el surgimiento de regímenes neofascistas en el mundo nos concierne directamente, ya que somos un país significativamente emisor de emigrantes que se convierten en grupos o minorías étnicas con un peso específico bastante potente en algunos países, como EEUU, por ejemplo, y podría decirse que poco a poco también en España. Por consiguiente, como país estamos más inserto en problemas cruciales de la presente época de lo que algunos podrían pensar, y a esa cuestión el liderazgo político debe darle la atención debida. Así como a la cuestión de emergencia de otros temas de la geopolítica, a los cuales debemos dar una atenta lectura para evitar errores irremediables de cara al futuro.

Uno de los objetivos del neofascismo es la destrucción a los organismos internacionales, sobre todo los de arbitrajes y defensa de derechos humanos La reacción de algunos países y personalidades contra esos delirios ha sido la creación o fortalecimiento de alianzas de países de una región y esta con potencias de otras regiones. En esta región se destacan los esfuerzos de países como México, Brasil, Colombia, Chile para defenderse frente a la embestida de EEUU, y Europa su alianza con China y la India, además de la solidaridad con Dinamarca en su defensa de Groenlandia y con Ucrania en la sangrienta guerra que esta libra contra la Rusia de Putin.

Es la táctica de los países directamente afectados por la guerra económica iniciada por los EEUU, evidenciando igualmente que, en definitiva, el final de los organismos multilaterales del pasado e inicio del presente siglo no necesariamente significa que las grandes potencias prevalecerán a su antojo sobre las medianas y los países pequeños. Sin embargo, no será así en la medida estos puedan desarrollar alianzas defensivas y activas, aquel país que acepte sumiso la lógica de la gran potencia de su región estará hipotecando su futuro, resignando su derecho al ejercicio de su soberanía sobre su territorio y más concretamente, sobre sus recursos naturales e hipotecando el futuro de la nación.

En ese sentido, la clase política dominicana tiene ante sí un mundo volátil, fragmentado, con reglas cada día menos efectivas, amenazado por un neofascismo que pretende gobiernos etnocráticos, no democráticos, que terminan en tragedias, como esa que actualmente viven millones de ciudadanos e inmigrantes en los EEUU. Eso la obliga a definiciones frente a estos temas y a abandonar su proverbial tendencia al provincianismo y al canibalismo político, lastres difícilmente superables si se mantiene el bajo nivel en que discurren sus debates políticos. La obliga, además, a abandonar su inveterada tendencia no ponerse de acuerdo para materializar los acuerdos a que en determinado momento logran arribar.

Finalmente, el calendario político del país avanza, el próximo será un año preelectoral, por lo cual los grandes acuerdos pendientes, entre los que se destaca la imprescindible reforma fiscal, tienen que buscarse y lograrse este que recién inicia. Es la mejor y única forma de caminar ligeros en este mundo convulso.

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