La izquierda dominicana vista en su propio espejo

La obra La izquierda vista por sí misma, del periodista e investigador dominicano Fausto Rosario Adames, se inscribe en una tradición híbrida que articula el testimonio, la historia oral y el ensayo político en una propuesta de notable densidad interpretativa y vocación reflexiva.

Publicada en 2025, constituye un esfuerzo singular por reconstruir la trayectoria de la izquierda dominicana desde una perspectiva poco explorada: la de sus propios protagonistas. En lugar de una narrativa externa, ideológica o simplemente apologética, el autor propone un ejercicio de introspección colectiva que convierte a la izquierda en sujeto y objeto de su propio relato, desde el cual se observa, se explica y, en muchos casos, se interpela a sí misma.

Historia oral. El libro se fundamenta en 60 entrevistas realizadas a militantes, dirigentes, intelectuales y testigos vinculados a distintas corrientes de izquierda. Según el propio Rosario Adames, su propósito fue “recoger las voces de quienes vivieron esos procesos para que sean ellos quienes narren su historia”, lo que implica una deliberada contención de la voz del autor en favor de una polifonía testimonial.

Esa decisión metodológica acerca la obra a los enfoques de la historia oral, donde la memoria individual y colectiva adquiere un valor documental, aunque no exento de tensiones, omisiones y contradicciones.

La obra incluye a figuras emblemáticas como Maximiliano Gómez, Narciso Isa Conde, Chaljub Mejía y Rafael “Fafa” Taveras, así como una evaluación de líderes cuyas ideas fueron catalogadas como izquierdistas, entre ellos José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Francisco Alberto Caamaño. Asimismo, explora dimensiones esenciales del contexto histórico, desde el papel de las mujeres en un movimiento marcadamente patriarcal hasta las vivencias de los descendientes de aquellos protagonistas.

Tal y como señala José Rafael Sosa, el libro permite acceder a “los procesos y personajes desde la óptica interna de sus protagonistas”, lo que constituye uno de sus principales aportes. En esa misma línea, César Pérez lo define como “un libro para otros libros”, subrayando su carácter abierto, fértil y generador de nuevas agendas de investigación.

 Aportes. Uno de los aportes fundamentales de la obra radica en la reconstrucción de un amplio período de la historia política dominicana, que abarca desde la década de 1960 hasta el presente. A través de los testimonios emergen episodios clave como las experiencias guerrilleras, la Revolución de Abril de 1965, la represión estatal durante los gobiernos de Joaquín Balaguer y las recurrentes divisiones intestinas que fragmentaron el movimiento.

En su conjunto, lejos de presentar una narrativa teleológica y heroica, el libro revela una izquierda transida por fracturas ideológicas, desacuerdos estratégicos y persistentes disputas por el liderazgo.

 Cierto, la diversidad de voces impide fijar una definición unívoca de “izquierda”; más aún, disuelve la posibilidad de identificar con claridad de quién o de qué izquierda se habla en cada momento histórico.

 No obstante, la historia de la izquierda en el país parece iniciarse, según los relatos, en la era de la dictadura y proyectarse tras la caída de Trujillo, en medio de la disputa por la constitucionalidad y la intervención externa de 1965. La radicalización de sectores —incluido el Movimiento Revolucionario 14 de Junio— convive con la búsqueda de salidas institucionales y con sucesivas fragmentaciones.

En ese marco de referencia, la Revolución de Abril de 1965 y la intervención estadounidense se configuran como un verdadero hito generacional de la izquierda dominicana: un momento que condensa aspiraciones de soberanía, pero también experiencias de derrota y reacomodo estratégico.

En la medida en que, como advierte Benjamín Toral Fernández, este proceso guarda paralelismos con otros movimientos de izquierda latinoamericanos, la militancia experimenta desplazamientos progresivos: abandona identidades originarias y reconfigura sus objetivos en clave reformista, primero bajo el influjo del balaguerismo y, posteriormente, en expresiones diversas de filiación perredeísta.

Problemáticas y tesis. Una de las ideas más sugerentes de la obra emerge en este contexto: la izquierda dominicana, aunque no logró conquistar el poder político por la vía electoral, desempeñó un papel significativo en la construcción de la democracia.

Esa afirmación resulta particularmente relevante frente a una historiografía que ha tendido a marginar a la izquierda, reduciéndola a un actor secundario. El autor propone, por el contrario, que su influencia se expresó en la ampliación de derechos, la resistencia a regímenes autoritarios y la formación de una cultura política crítica.

De ahí que la obra reactive una pregunta inevitable entre los lectores de cualquier marco de referencia teórica, epistemológica o ideológica: ¿por qué la izquierda ha fracasado de manera tan contundente en su intento de acceder al poder en la República Dominicana?

La respuesta, como sugiere el propio libro, es tan compleja como la definición misma de izquierda.

Uno de los aportes centrales en esa dirección es su dimensión autocrítica. Los testimonios revelan que la izquierda no solo enfrentó la represión externa, sino que también arrastró limitaciones estructurales, como la fragmentación, la rigidez doctrinaria y las dificultades para insertarse en el mundillo electoral.

En esa línea, Rosario Adames cuestiona la aplicación mecánica de corrientes ideológicas importadas, al poner en duda la universalidad de la concepción marxista de la historia: “El marxismo fue pensado para países desarrollados, no para América Latina”. Ese señalamiento por sí solo abre un debate de fondo sobre el eurocentrismo de ciertas tradiciones ideológicas y su compleja traducción al contexto nacional.

Asimismo, el autor recupera críticas internas históricas, como la de Maximiliano Gómez (“El Moreno”), quien advertía sobre la dependencia intelectual del movimiento respecto a modelos externos, señalando que las organizaciones tendían a “organizarse a sí mismas, dejando de lado al pueblo”.

Ese tipo de tensiones contribuye a explicar la fragmentación crónica del movimiento y su incapacidad para consolidarse como una fuerza política estable.

 Por otra parte, aunque partidos como el Revolucionario Dominicano (PRD) y el de la Liberación Dominicana (PLD) han sido considerados en ciertos momentos como expresiones de izquierda —especialmente desde una lectura amplia que incluya la socialdemocracia—, en la práctica nunca se ajustaron plenamente a esa tradición tal como ha sido concebida en el país.

Más bien, la noción de izquierda ha sido sostenida por múltiples agrupaciones que, con contadas excepciones, han mostrado una desconfianza histórica hacia los procesos electorales, lo que ha limitado sus posibilidades de acceso al poder.

Aun así, la obra no se limita a una reivindicación ideológica: también documenta con rigor sus limitaciones. Los propios entrevistados reconocen errores estratégicos, como el rechazo a la vía electoral en determinados momentos, la dependencia de modelos externos y la incapacidad de articular un proyecto político coherente.

 Otro elemento relevante es la dimensión emocional de los testimonios. Los relatos están atravesados por experiencias de persecución, cárcel, exilio y violencia, así como por silencios significativos: ausencias, omisiones y memorias fragmentadas que revelan tanto como lo que se dice.

Los propios entrevistados reconocen errores estratégicos, como el rechazo a la participación electoral en determinados momentos, la dependencia de modelos ideológicos externos o la incapacidad de articular un proyecto político coherente y unificado.

Tal y como revela la lectura de la obra de Rosario Adames, esa dimensión autocrítica es uno de los rasgos más valiosos de su trabajo.

En resumidas cuentas, la recepción de La izquierda vista por sí misma ha sido –merecidamente— positiva.

Desde una perspectiva historiográfica, su principal fortaleza reside en la recopilación de fuentes orales inéditas, aunque esa misma característica plantea desafíos en cuanto a verificación y objetividad, dado que la memoria constituye siempre una reconstrucción mediada por el presente.

El debate sobre sus interpretaciones permanece abierto, especialmente en lo relativo a la valoración del papel histórico de la izquierda y a las causas de su debilitamiento. A ese propósito, empero, la posición del autor es diáfana:

Si hoy tenemos democracia, se lo debemos al esfuerzo de la izquierda dominicana”.

 Ello se comprende mejor si se reconoce que, aunque se asume a priori que la historia suele ser escrita por los vencedores, la izquierda dominicana incidió —a través de sus múltiples metamorfosis— tanto en la configuración del devenir nacional, como en la valía de su irrealizable propuesta utópica.

De ahí el valor singular de la obra de Fausto Rosario Adames. Se trata de un trabajo que no clausura el debate, sino que lo inaugura y lo proyecta.

 Su carácter abierto, plural y, en ocasiones, contradictorio, refleja la complejidad de su objeto de estudio. La izquierda dominicana, reflejada en su propio espejo, invita así a repensar la historia desde dentro, reconociendo tanto sus logros como sus límites. Y, aunque no alcanzó ni superó el cetro del Estado, dejó una huella profunda e indeleble en el presente y en la tradición política de la sociedad dominicana.

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