La pasada semana, la dirección del Estado cubano introdujo las reformas económicas de mayor trascendencia en la historia de la revolución. Con ellas, Cuba acaba de tomar un camino de no retorno: el final de una economía centralizada, en crisis desde hace décadas y factor irremediablemente disgregador de la estructura social del país. En esa circunstancia, la profundización y generalización del brutal, inhumano y agresivo bloqueo que por décadas ha ejercido EE. UU. contra esa nación ha sido el puntillazo definitivo que produce el colapso y el nuevo rumbo propuesto por la cúpula dirigente. Por consiguiente, el factor externo ha sido clave en la producción de los cambios, por lo cual la correlación de fuerzas de los actores internos y externos determinará los alcances y límites de estos.
En la mini reforma del 2021, las empresas privadas podían tener hasta 100 trabajadores; la de ahora no pone techo. Las actividades privadas en las áreas productivas produjeron un importante sector que paliaba las necesidades de la gente, al tiempo de fortalecer un naciente sector social con ingresos y poder adquisitivo muy superiores a los de la mayoría de la población. Ahora se permite la inversión privada en las empresas estatales no estratégicas, la inversión inmobiliaria nacional o extranjera en el sector turismo, la banca privada, la libre cuenta en moneda extranjera, además del ingreso al mercado de franquicias o marcas internacionales productivas o de servicios.
Igualmente, niveles de salarios negociados, el ejercicio del pluriempleo y libre práctica profesional, descentralización municipal, al poder los municipios tener empresas propias o asociadas con el Estado y mayores niveles de autonomía en materia de inversión. Pero, con una reafirmación del papel del Estado en la economía para proteger a la población. Los elementos esenciales de esas reformas se enmarcan dentro de las exigencias de los EE. UU. en sus negociaciones con las autoridades cubanas y su recrudecimiento del embargo en los últimos meses, y de eso no están ausentes sectores importantes de capitalistas de origen cubano que están interesados en invertir allí. Una necesidad, pero factor de riesgo.
Comentando las causas y razones de esta deriva, algunos dicen que Cuba asume el modelo chino, la ruta del capitalismo de Estado. Igualmente, que el colapso del sistema ha sido provocado por el embargo. Al respecto, algunas precisiones. China inició sus reformas después del caos político, económico y social provocado por la Guardia Roja, una revuelta básicamente estudiantil desencadenada por Mao para recuperar su poder absoluto, limitado por las luchas internas en el partido. Las reformas fueron dirigidas por Deng Xiaoping, de talento excepcional, que había sido purgado por el grupo de Mao, pero que se mantuvo protegido por su amigo y compañero de exilio, Zhou Enlai, en su momento la segunda figura del Gobierno.
En ese sentido, las reformas surgieron allí de luchas internas de profundo calado y sin que el factor externo jugara algún papel. Otra experiencia: Vietnam. Si algo caracteriza a la dirección vietnamita es el talento, la capacidad de resiliencia y el pragmatismo. Después de su victoria sobre el ejército más poderoso del mundo, le bastó una sola década para darse cuenta de que, con una economía ultracentralizada, era imposible producir los bienes y servicios básicos para satisfacer la demanda de la población. Hizo su reforma estructural liberalizando su economía. Tampoco la hizo en el contexto de un colapso de su economía ni por la presión externa. Por el contrario, el nuevo rumbo cubano, necesario y un poco tardío, parte con un hándicap que no tuvieron aquellos países.
El otro elemento, el factor embargo. No hay un acuerdo sobre el costo que para la economía cubana tuvo el embargo; tampoco existe un acuerdo metodológico para calcular la cuantía de las diversas formas de ayudas de la ex Unión Soviética, los países socialistas y posteriormente Venezuela, que por décadas subsidiaron la revolución. Sin embargo, la diferencia entre el monto de esa ayuda y el costo que se aduce provocó el embargo es relativamente poca. Podría discutirse que mucha de la ayuda recibida por Cuba la usó en causas que entendía justas, pero es innegable que, a pesar del impacto negativo del bloqueo, este no fue el factor determinante de su colapso. El mundo socialista colapsó y no tuvo ese tipo de embargo.
La causa última del derrumbe, entre otras, hay que buscarla en la práctica de una economía ultracentralizada e ineficiente y en un sistema político negador de libertades esenciales. De una economía que fue incapaz de superar a la capitalista en términos de producción y productividad. De eso han escrito destacadísimos pensadores, incluso decididamente de izquierda. Perry Anderson, para citar uno. Para la dirección cubana, algunas de las medidas de las reformas ahora planteadas antes eran incompatibles con el significado del socialismo. Habría que preguntarse el significado que para ella tienen las palabras. También para la izquierda, obligada a la reflexión sobre la deriva de la revolución cubana y sobre su práctica.
En el presente, para esta quizás no sean suficientes las palabras o conceptos de una época para hacer política en el presente. A ese propósito, Delphine Horvilleur dice: «Cuando las palabras pierden su significado, hay que buscar otras palabras».