Más allá del cielo grisáceo que cubre una ciudad reducida a escombros e incertidumbre mientras continúa la búsqueda de desaparecidos, hay algo que llama la atención. La gran cantidad de buitres volando en manada sobre el estado de La Guaira, en Venezuela, localidad afectada por un doble terremoto hace casi dos semanas.
Estas aves carroñeras van de la mano con el olor fétido que inunda gran parte de la ciudad, que aún busca entre las ruinas, que alguna vez fueron hogares, a sus seres queridos que quedaron sepultados bajo los escombros la tarde del 24 de junio.
En círculo y en manada estas aves, que asocian su presencia a la descomposición, sobrevuelan zonas de derrumbe provocadas por el doblete sísmico de 7.2 y 7.5, que hasta el momento ha dejado 3,535 fallecidos.
Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que esta cifra podría elevarse a 50,000 por la cantidad de desaparecidos reportados, quienes aún son buscados por los venezolanos, con la esperanza de darles cristiana sepultura.
Sobre el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar (CCS), sobre un edificio a medio caer en la parroquia Catia la Mar o en la inmensidad de la montaña, estas aves tiñen de negro la extensa nube gris en que se ha convertido el cielo desde aquella tarde estremecedora.
Conforme a National Geographic, los buitres ayudan a evitar la propagación de enfermedades, ya que muchos virus y bacterias mueren por el ácido presente en los estómagos de estas aves, de ahí su importancia para los ecosistemas.

Su vuelo circular no es casualidad. Esto le permite aprovechar las corrientes calientes de aire para elevarse en las llanuras para identificar la carne en estado de descomposición.
Volar en círculo les permite estar en el aire un largo rato sin necesidad de mover las alas.
Desde el pasado sábado, el gobierno venezolano finalizó la fase de búsqueda y rescate de personas con vida y pasó a la fase de remoción de escombros y búsqueda de cadáveres, tras agotar las horas cruciales para encontrar sobrevivientes.
Doble terremoto
El reloj marcaba las 6:04 de la tarde del miércoles 24 de junio, día festivo en que los venezolanos se encontraban en sus casas cuando en cuestión de 35 segundos un doble terremoto agitó sus casas y sus vidas.
Desde esa fecha, cientos de familias lo perdieron todo. Algunos la familia, otros la casa y algunos el trabajo, viéndose en la necesidad de convertir las calles, aceras, estadios y parques en un nuevo hogar.
“Yo tengo mis tres nietos, mi hija y yo, nosotros somos un grupo de cinco, lo perdimos todo, todo, todo, pero aquí estamos, teniendo fe en el de ahí arriba (Dios), que ese es el único que nos puede auxiliar”, relató Carmen Jaimes, una venezolana de 73 años, que ha hecho del Estadio César Nieves, en Catia la Mar, su nuevo hogar junto a otros familiares.


























