Sin duda, las precariedades socioeconómicas abundan en la República Dominicana, pero en los últimos 50 años la clase media dominicana ha crecido significativamente; así lo indican las estadísticas y la simple observación del crecimiento de los barrios de capas medias y la masa vehicular en que se transporta.
Vale entonces preguntarse: ¿qué permitió este crecimiento?
El contexto general lo ofrece la relativa estabilidad política y macroeconómica del país.
Desde la transición de 1978, la política dominicana ha funcionado con un sistema de partidos que, mal que bien, ha permitido la rotación de todos los segmentos políticos en el poder, desde la ultraderecha a la izquierda, colocados desde el Gobierno en el parámetro de la centroderecha.
O sea, la política dominicana no ha tenido grandes movimientos pendulares, lo que ha permitido a los actores económicos y sociales funcionar en un marco de expectativas confiables.
En lo económico, las décadas de 1980 y 1990 fueron difíciles, así como la crisis financiera de 2003-2004, pero a partir de 2005 el país ha mantenido estabilidad macroeconómica con inflación baja o moderada y devaluaciones controladas. Eso también ha permitido a los actores económicos operar en un marco de certezas.
A fines de la década de 1960 se inició el proceso migratorio dominicano que aún no cesa. La mayoría de esos migrantes envían remesas para ayudar a sostener sus familiares, que logran así alcanzar un estatus de clase media vía mayor consumo, acceso a la educación, a la salud y a una vivienda.
Sin esas remesas familiares y otras formas de ayuda económica directa, la clase media dominicana sería más pequeña. Por tanto, la migración dominicana mejoró la posición económica de los que se fueron y de muchos que se quedaron.
En este siglo XXI, el Estado dominicano pasó de ser simplemente clientelar a ser también un Estado asistencial, mediante la ampliación de diversos programas sociales.
Inicialmente se establecieron los programas de Solidaridad, luego llamados Progresando con Solidaridad, y ahora se llaman Supérate. Son programas de transferencia de dinero para subsidiar la comida, la educación, el consumo de gas y luz, entre otros.
El sector público como fuente de empleos ha sido crucial para crear un segmento laboral de mejores salarios y beneficios que el privado. Así, el Estado sustenta no solo personas de clase media baja o regular, sino también de clase media alta, sobre todo, en instituciones públicas autónomas como el Banco Central, las altas cortes y las superintendencias, donde los salarios son altos. Además, el Estado es el gran contratista.
La economía dominicana produce para la población local, los turistas y los haitianos que viven en Haití. Eso ha facilitado el desarrollo de pequeñas y medianas industrias, agroindustrias y comercios que también han ayudado a ampliar la clase media.
Y la educación universitaria ha permitido el desarrollo de una clase profesional que ofrece servicios diversos a la población, siendo el ancla de la clase media.
No es una lista exhaustiva, pero estos factores han sido claves para el crecimiento de la clase media dominicana.
























