¿Terminará la IA matando a la creación humana?

Los lectores de la francofonía recibimos con entusiasmo un nuevo hijo a principios de año: C’est ça ou mourir («Es esto o morir»), una cautivante novela del haitiano-canadiense Orélien Thélyson. La obra cuenta la odisea de Jonas Dorléon, un profesor de historia y geografía de Puerto Príncipe que emprende el camino del exilio —sin más equipaje que sus ilusiones, un diploma, un cuaderno de poemas y una foto de su madre— tras haber sido incendiado su barrio por bandas de criminales.

​           Publicado por primera vez en marzo de 2026 (Éditions du Boréal, Quebec), seguido de otra edición en agosto (Éditions Grasset, Francia), el libro experimentó rápidamente un éxito inmenso: se vendieron decenas de miles de ejemplares en pocas semanas, tanto en Quebec como en Francia, y la obra entró de inmediato en las listas de prestigiosos galardones como el Goncourt, el Renaudot, el Femina y el Médicis, obteniendo finalmente el Prix du roman Fnac.

​           Pero el mismo día en que se le otorgó este premio, surgió la primera objeción a la paternidad del recién nacido: desde una cuenta anónima en la red social X salió la acusación de que el autor había redactado la novela de cabo a rabo mediante inteligencia artificial.

​           Rápidamente aparecieron en redes y medios otras sospechas de plagio vinculadas a textos publicados anteriormente por el autor. Una bomba estalló en los círculos literarios: la Academia Goncourt retiró la novela de su selección, el Salon du livre de l’Estrie (Quebec) le anuló al autor su condición de invitado de honor y Éditions du Boréal suspendió la promoción de la obra.

​           Este affaire no solo enciende una luz roja para quienes hacen un uso indebido de esta herramienta, sino que también advierte sobre el peligro de que la tecnología termine sofocando la creación humana.

​           La IA obtiene sus datos de internet rastreando miles de millones de textos, enciclopedias en línea como Wikipedia, libros, imágenes e información diversa. Es, pues, a partir de lo que ya ha sido concebido que esta herramienta genera nuevos contenidos.

​           Si la máquina termina por ahogar la creación humana —su capacidad para generar ideas, concebir obras de arte, inventar y perfeccionar técnicas, construir nuevas realidades e imaginar otros mundos—, la muerte simbólica del ser humano se producirá mucho antes de que una incontrolable superinteligencia venga a consumar su extinción.

​           Ya lo anunció Michel Foucault en su obra Les mots et les choses (1966): filosóficamente hablando, definido simultáneamente como sujeto y objeto de conocimiento, el hombre parece condenado a desaparecer. De su extinción biológica podría encargarse, finalmente, su última criatura: una desbocada superinteligencia.

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