Hay algo que me preocupa más que la viralidad de las redes sociales y es que terminemos confundiendo lo viral con lo valioso.
Mientras una sociedad entera puede detenerse a mirar, comentar, discutir y hasta convertir en celebridad a personajes salidos de historias de violencia y delincuencia, cinco estudiantes dominicanos pasaron 21 días haciendo algo bastante menos escandaloso, leer. Simplemente eso, leer.
Abril del Rosario, Ismael Durán, Maikol Arias, Mayury Vélez y Franchesca Minier acaban de otorgarle a República Dominicana el récord Guinness de lectura en voz alta. Fueron 500 horas y 13 minutos leyendo, durante 21 días, más de 60 libros.
Aquí quisiera que nos detuviéramos un segundo. Quisiera que esos cinco jóvenes fueran tendencia. Que sus nombres nos resultaran tan familiares como los de quienes se convierten en protagonistas de un drama de redes. Que discutiéramos quiénes son, qué estudian, qué sueñan, qué quieren hacer con sus vidas.
Pero no siempre funciona así. Hace apenas unas semanas, la muerte de Michael “Peluche”, señalado por las autoridades como integrante de una estructura delictiva y buscado mediante varias órdenes de arresto, produjo un enorme fenómeno alrededor de su figura. Y junto a él, las historias de las mujeres que aseguraban haber sido sus parejas se convirtieron en contenido.
No lo digo para juzgar el dolor de nadie. Cada quien procesa sus pérdidas como puede. Lo digo porque hay una pregunta que deberíamos hacernos, ¿qué estamos premiando con nuestra atención?
El algoritmo no tiene un detector moral. No distingue entre una hazaña y un escándalo. Entre conocimiento y morbo. Entre un joven que pasa 500 horas leyendo y una historia de violencia convertida en entretenimiento. La viralidad no siempre favorece al mejor.
Y por eso, hoy, yo elijo hacerme eco de estos cinco estudiantes, elijo hablar de ellos, compartir sus nombres y celebrar su disciplina. Celebrar que un grupo de jóvenes decidió pasar 21 días leyendo en voz alta y que, con ello, puso a República Dominicana nuevamente en el mapa mundial de la lectura.
Y también quiero saludar el trabajo de quienes, desde el otro lado de esta realidad, tienen la responsabilidad de perseguir a quienes ponen en riesgo la seguridad de los demás. Al mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, director general de la Policía Nacional, y al general Pedro Matos Pérez, director de la DICRIM. Porque también eso merece ser contado: mientras unos convierten el delito en espectáculo, otros trabajan para enfrentarlo.
Pero hay una batalla más silenciosa que también tenemos que librar y es la de decidir qué historias queremos poner delante de nuestros hijos. Por eso, hoy, yo elijo compartir a los que leen.
No todo lo que se hace viral merece admiración. Y quizás una de las pequeñas revoluciones que todavía podemos hacer desde nuestras redes sea esta, darle alcance a lo que queremos que nuestros hijos quieran ser.