No entienden

No hay manera, parece imposible. Sin importar cuan claros sean los indicadores apenas entienden. Lo suyo es seguir en sus andadas, mordiéndose la cola. Displicentes, hacen una breve pausa para considerar el disgusto de quienes les pagan, elijen, y toleran en paz sus errores. No logran asimilar la gravedad del asunto.

De idiota no tienen nada, todo lo contrario, son inteligentes, avispados y marrulleros. El problema está en su manera de pensar y en el dialecto que hablan; un lenguaje y un razonar diferente, incomprensible para quienes viven fuera del gueto político. Solo se entienden entre ellos, como si se tratase de una tribu aislada en las selvas amazónicas. Manejan premisas propias, considerándolas dogmas inequívocos del quehacer político.

Por esa forma tan propia de ver el mundo, apenas dan importancia al rechazo que sufren: se proyecta una abstención electoral de alrededor de un 46%.  Quiere decir esto, que participando el 52% del padrón en las próximas elecciones, el ganador- legitimo desde el punto de vista legal- quedaría deslegitimizado políticamente.  De acuerdo a politólogos independientes, un 55% de participación con 55% de los votos válidos, arroja un apoyo efectivo de alrededor de un 30% del patrón electoral. Un desastre político peligroso.

Hace ya tiempo que vienen advertidos. Aun así, comentan el problema desde su habitual e insustancial retorica.

En días pasados, respondiendo a periodistas sobre la dramática abstención que se avecina, propusieron las siguientes correcciones:

1-Descuentos en pasaportes y licencias de conducir.

2- Facilidades para acceder a becas o programas de asistencia social.

3- Eliminación del pago de peaje el día de las elecciones.

4- Acercarse más a los ciudadanos y fomentar la importancia del sufragio.

5- El presidente del senado, propuso un llamado a la reflexión sobre cómo reducir esa abstención.

En un momento de inesperada lucidez, senadores y diputados, plantearon la importancia de cumplir las promesas políticas.  ¡Ah! Debieron comenzar por ahí, entonces estarían acercándose al meollo del asunto. Las demás propuestas reflejan una superficialidad vergonzosa, reiteran su desconexión con el sentir de la sociedad. No alcanzan a traducir el idioma que habla la gente fuera del santuario en que habitan.

En efecto, el votante considera que es una pérdida de tiempo votar por promesas incumplidas. Esa negativa, además, la acentúa el ser testigos de las ventajas excesivas que disfruta la clase gobernante, el fallo de las instituciones que sostienen el sistema, y la irritante mezcla de corrupción e impunidad que todavía perciben. A veces, tiendo a creer que los políticos conocen bien las razones del descredito, pero no les conviene cambiar el estatus quo; porque de hacerlo perderían las ventajas que ahora disfrutan.

Ocupados en “solidificar plataformas”, candidaturas, y procurar liderazgos, no han tenido tiempo de observar que la gente paga un dineral por sentarse a no entender a Bad Bunny; mientras que ellos pagan mucho dinero para que la gente quiera escucharlos.

Disminuyen los votantes porque no enfrentan la verdad del desprestigio, concluye el intelectual Miguel Cid y Cid en su columna del digital Acento. De no coger el toro por los cuernos y hacer una autentica rectificación, apuntalada por un sincero “mea culpa”, seguirán disminuyendo los votantes y ellos ejecutando el “futuricidio”; que así denomina el sociólogo y economista Manuel Andrés Brugal Kunhart las consecuencias de repetidos desgobiernos.

Es que al muchacho no le entra nada en la cabeza, no hay forma; y mire usted que he tratado… Explicó el maestro a los padres de un niño tonto.

Francomacorisanos: