Los salarios de la destrucción

La congelación de salarios es como una bomba nuclear de lenta acción. Solo mata poco a poco. Por lo tanto, el sufrimiento es progresivo y muy doloroso. Para la mayoría trabajadora significa que sus ingresos se convierten en sal y agua con el paso del tiempo. Sin embargo, muchos propagandistas y escribientes del “modelo” dicen lo inverso: “Que la inflación no afecta el poder de compra de la gran mayoría porque el ingreso sube por encima de esta”. ¿Será eso cierto? ¿O solo un invento para hacer humo la realidad? Veamos.

En los últimos seis años, de 2020 a 2025, la inflación agregada del Índice de Precios al Consumidor, según los datos del Banco Central de la República Dominicana, ha sido de 42 %. Es decir que, en términos generales, un asalariado que ingresaba 1000 pesos al día en 2020, al cierre de 2025, ingresa esos mil menos 420 pesos, unos 580. Es un cálculo sin complicaciones derivado de la lógica simple. La verdad es que es mucho más complejo. Por otra parte, entre 2020 y el cierre de 2025 solo se han ajustado los llamados “salarios mínimos”, no ajustes relacionados con el tramo de la canasta básica, también calculada por el Banco Central, que en República Dominicana son una cantidad considerable, según el capital de las empresas, el tamaño de las ventas y el sector de actividad. Mucho menos una indexación básica de los salarios generales a la inflación anual. Es decir, si gana 100 y en el año transcurrido la inflación fue de 5, el salario en enero del siguiente año debería ser de 105, y así sucesivamente. Pero ese no es el “modelo”.

Los ajustes que se hacen en el llamado “Comité Nacional de Salarios”, que no se hacen anualmente, solo se realizan cuando la tapa de la olla no aguanta más. Los sindicatos o centrales sindicales no representan a los trabajadores, pero hablan en nombre de ellos. Además, no existe un salario mínimo nacional único, sino muchos salarios mínimos, hasta 8 o 10. Es como si un trabajador de una industria “grande”, una trabajadora doméstica, otro de un negocio comercial o un hotel, cuando van a hacer las compras de comida, de medicamentos, de ropa o de transporte, pudieran pagar precios diferentes. ¿Son diferentes los precios en los supermercados y colmados, en las farmacias y las guaguas? Evidentemente que no. Lo que pueden ser es más altos cuando son pequeños establecimientos que además lo llevan a la casa y en algunos casos “lo apuntan”, es decir, lo dan a crédito. ¿Por qué se producen estas situaciones?

En primer lugar, hay un aspecto implícito, lo que los economistas, sociólogos o historiadores llaman “el modelo”. Es decir, la manera de acumulación de ganancias o modelo de acumulación de capital que existe desde el surgimiento del capitalismo dependiente en Santo Domingo. Si existieran fuertes sindicatos por rama de actividad, como serían los trabajadores de la construcción, los trabajadores industriales de todos los sectores, las trabajadoras domésticas, los trabajadores de la banca, a modo de ejemplo, coaligados en una o varias centrales sindicales, sería más difícil imponer el modelo de la congelación por largos periodos.

Primero fueron las centrales azucareras norteamericanas o de inversionistas dominicanos que basaron su acumulación de riquezas en la congelación de salarios. Si no, pregúntenles a los trabajadores que dirigió el líder sindical de los azucareros Mauricio Báez. ¿En qué nos basamos para relacionar ganancias de empresas con la congelación de salarios? Hay una “ley económica” formulada desde el siglo XVIII: la ley sobre el valor-trabajo de Adam Smith. Según las ideas propagadas por los representantes del capital, es el capitalista o empresario el que crea valor. Digamos, tenemos una tonelada de madera de valor 100 y al capital adquirirla automáticamente se transforma en 110. Nada más falso y absurdo. Sin la intervención de la fuerza de trabajo del trabajador o de la trabajadora, ninguna “ley” otorga a la propiedad del capital la capacidad de crear valor o ganancia. Solo la suma del capital y el trabajo hacen de algo que vale 100 + 50 más un valor de 150. Esa ley del valor agregado del trabajo humano, que fue formulada inicialmente por Adam Smith, un economista inglés, y posteriormente perfeccionada por Karl Marx, un economista y filósofo alemán, es la que explica el aumento del verdadero valor de las cosas. Valor que no es lo mismo que precio.

Al existir una masa disponible de trabajo excedentario, los llamados desempleados, es posible, sin protección jurídica de la ley, sustituir al trabajador a deseo o conveniencia del capitalista. La forma cómo surgió y evolucionó el capitalismo en Santo Domingo fue mediante la compresión brutal de los salarios, la destrucción de las organizaciones sindicales que defienden al trabajador, no al empresario. Por eso este modelo de congelación permanente de salarios, con pequeñas excepciones, ha producido una sociedad donde los ciudadanos solo desean “dar un palo”, emigrar, conseguir dádivas y no lograr nada colectivamente. La solución individual a los problemas colectivos.

La solución, si es que hay una solución, sería: a) decretar por ley o decreto ejecutivo una nueva ley general de salarios que haga un solo salario mínimo basado en el promedio de la canasta básica calculada por el Banco Central, que actualmente es de 39 mil 658 pesos en su base y 56 mil 240 pesos en su tope; b) esa ley general de salarios debe indexar todos los salarios según la inflación del año anterior como base de forma obligatoria en el sector público y en el sector privado; c) establecer que los salarios a todo trabajador sean de 14 salarios al año, incluyendo el decimotercero en diciembre y el decimocuarto en junio. Las negociaciones sindicales pueden ampliar esas bonificaciones salariales a niveles superiores; d) imponer fuertes multas, incluyendo la nacionalización o cierre a las empresas que no respeten la libertad sindical de asociación en todas sus formas; e) establecer la semana laboral de 35 horas semanales, comenzando con la semana laboral de 7 horas de lunes a viernes. La meta sería llegar a la jornada laboral de 6 horas diarias sobre la base de 5 días de lunes a viernes para 30 horas semanales. Las horas adicionales deben ser compensadas con un 150 % respecto a lo establecido; f) proteger a todos los trabajadores, dominicanos o extranjeros, en sus derechos como vendedores de la fuerza de trabajo. Solo así haremos de este modelo de destrucción salarial, y por tanto de injusticia en la repartición del ingreso, un modelo de justicia distributiva fuertemente apoyado por el Estado.

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