“La mente es su propio lugar y en sí mismo puede hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo”. (Milton: Paraíso Perdido).
La Modernidad, como ecosistema, eclosionó en el Siglo XVIII hasta los años 80 del Siglo XX. Su irrupción tuvo como punto de inflexión La Ilustración y culminó su radio de acción con la secularización, la racionalización, la enorme individualización y, sobre todo, el desarrollo de la ciencia, de la que la reflexividad no escaparía. Emergió la Posmodernidad, a partir de los 70 del Siglo XX, haciendo su mayor hincapié en los 80 de ese mismo siglo. La Posmodernidad, si hay algo que destaca, es la asunción de un mundo plural y diverso.
Tanto en la Modernidad como en la Posmodernidad, los sociólogos estudian los hechos sociales como propiedades duraderas de la vida social que modelan o constriñen las acciones que pueden realizar los individuos. Es por ello que enfatizamos en los patrones sociales, culturales, políticos e institucionales de una formación social determinada. Cuando aludimos a tasa de matrimonio, tasa de homicidios, tasa de victimización, tasa de empleo, tasa de embarazos en niñas y adolescentes, son hechos sociales que generan determinadas acciones.
La acción social es el comportamiento elegido que trasciende lo meramente instintivo. Toda acción está reflejada, como animales sociales que somos, en el alter ego, en la reciprocidad con otras personas, pues en esencia, la acción social está determinada, en gran medida, por las condiciones creadas por otras personas. Es por decirlo así, como los hechos sociales tienen como manto nodal la estructura social en que nos anidamos como sociedad.
La estructura social conforma, configura, el gran espejo social que expresa los verdaderos patrones de relaciones, de posiciones, como se producen las interactuaciones y como están bosquejadas de acuerdo al esqueleto institucional en que descansa la sociedad. Es por ello que la estructura social es el puente que solidifica el tejido de relaciones e instituciones que mantiene, fractura y fragiliza las oportunidades, amenazas, las debilidades, fortalezas y experiencias de los seres humanos. Por lo tanto, es la estructura social que, en gran medida, modela, poda, las posibilidades; vale decir, permite el acceso de las personas a los bienes materiales de existencia.
La estructura social crea, pues, límites y oportunidades y ello es lo que permea, de manera inexorable, cuasi inevitable, los hechos sociales. Ella afecta las actitudes y el comportamiento de la gente. Los hechos sociales son en tanto el individuo es sujeto y objeto al mismo tiempo, fundamental individualmente, empero, lo trasciende. Dicho de otra manera, los hechos sociales se transforman en conducta del individuo que derivan de manera independiente a su “yo” particular. Son reflejos, esas conductas o comportamientos de la gran avenida de la sociedad.
El hecho social tipifica la manera de como actuamos, como pensamos, como sentimos, donde más allá del sujeto existen elementos externos que condicionan cual si fuera un aparato de dominación que ejerce una determinada coerción social sobre cada uno de nosotros. Como “códigos sociales” los hechos sociales nos condicionan y prevalecen más allá de nuestra individualidad, cohabitando como espacio de medianía, como un puente entre el individuo y todo lo preexistente a su existencia de hoy. Por eso, en la taxonomía de los hechos sociales los encontramos: colectivos, coercitivos y exteriores. Los hechos sociales son “moldes” que en el proceso de socialización nos conducen a actuar conforme a una cultura creada.
El sociólogo, con la imaginación sociológica, trata de explicar los hechos sociales para irse más allá de la inmediatez, de las circunstancias y colocar la dimensión del hecho social situándose en el contexto social más amplio en que tiene lugar la acción. ¿Cuáles hechos sociales se acunan en la sociedad dominicana que necesitan ser vistos analizados, reflexionados más allá del acto mismo individual?
Veamos:
- ¿Por qué somos cuasi líderes en la región en embarazos en niñas y adolescentes?
- ¿Por qué somos el país con el costo de la política y de las elecciones más costosa del mundo, tomando en cuenta el tamaño de nuestro territorio y el número de habitantes?
- ¿Por qué la sociedad dominicana no merece saber quiénes aportan a la campaña de los partidos desde el sector privado?
- ¿Por qué todavía en la tercera década del Siglo XXI sigue existiendo el despojo político en la Administración Pública?
- ¿Por qué el número de homicidios ocasionados por las relaciones interpersonales es más alto que el crimen organizado?
- ¿Por qué tenemos una de las escalas más altas en la deserción escolar de la región?
- ¿Los jóvenes talentos, con maestrías, poliglotas, que emigran, es un acto individual o un hecho social reflejado en un patrón social?
- ¿Por qué tantos divorcios en la sociedad dominicana?
- ¿Por qué hay tanta basura en los barrios y en Naco, Piantini, Bella Vista, Evaristo Morales, Esperilla y Cacicazgos no tienen? ¿Por qué unos se llaman barrios y otros sectores?
- ¿Por qué surgen los teteos? ¿Por qué solamente en los barrios? ¿Que expresan en términos culturales, de exclusión, de marginalidad, de expresiones culturales?
- ¿Por qué los suicidios aumentan cuando hay más estrés colectivo (tapones, economía, desempleo, etc.)?
- ¿Por qué valoramos a la gente por lo que dicen, piensan y no por sus acciones hechos, realizaciones?
- ¿Por qué seguimos siendo tan tolerantes con aquellos que debieron ser referente ético y en su praxis política se desdibujaron de los desafíos de su época?
- ¿Por qué somos de los países de la región, uno de los de mayor evasión y elusión fiscal?
Todas estas preguntas son los elementos cardinales de lo que el sociólogo Emile Durkheim denominara el nivel social de la realidad. Es el estudio de las acciones humanas (individuo) más allá de sus interacciones individuales. Para Durkheim “aquello que denominamos lo social o vida social es un nivel de realidad por derecho propio que no es susceptible de ser reducido a las acciones individuales, ni tampoco en un simple agregado de las conciencias individuales”. Existe, pues, una realidad intrínseca de los hechos sociales. La solidaridad mecánica es desplazada por la solidaridad orgánica y, con ello, la compleja red de la cohesión social. No obstante, desde la mirada de la Microsociología (instituciones, grupos) y la Microsociología (interacciones sociales, hechos sociales), lo importante en las interrogantes formuladas (14) es qué tanto obedecen a funciones manifiestas y latentes, y cuáles de ellas son cada día más disfuncionales al tejido social, al tejido económico y al tejido político.
La realidad social es una consecuencia de que somos, por nuestras acciones sociales y relaciones sociales, una construcción que trae consigo las formas de como interactuamos merced a la creencias, normas y valores que compartimos en los grupos, en las comunidades, en la sociedad, siempre en un determinado contexto. Por eso, la realidad social está permeada esencial y medularmente por el grado y fortalecimiento de las instituciones, la visión de la cultura como fuente de cohesión social, de comprensión e internalización de la diversidad, de la tolerancia.
La realidad social acusa como soporte, al mismo tiempo, la materialidad, esto es, la economía y como esta fluye o dificulta las condiciones de bienestar, de nivel de vida de una sociedad en un momento determinado. La realidad social, en gran medida, se forja por la multiplicidad de relaciones intersubjetivas. La realidad social dominicana, cotidiana, tiene un peso muy grande de subjetividad donde supera el peso de la objetividad, de la gravedad de la confianza.
La mayoría de los actores se mueven en la construcción de percepciones negativas a través de meros análisis coyunturales, sin asumir los contextos, sin validar las informaciones en todas sus dimensiones. Utilizan el fake news, el junk news, la desinformación, la manipulación, la mentira, como carga explosiva de destrucción, sin importar el daño al país, a la sociedad en su conjunto. Jean Baudrillard nos demostró “la creciente importancia de los medios de comunicación, donde desdibujan la frontera entre la realidad y su representación, dejando solo una “hiperrealidad” en la que todos vivimos”. La cultura y los medios crean percepciones y comprensiones del mundo social en el mundo hiperreal, porque como decía Michel Foucault “los distintos discursos crean marcos que estructuran la vida social, a través de los cuales se ejerce el poder”.
Estamos viviendo la sociedad en red que, como nos decía Gustavo Cardoso, “Los medios sociales son el aglutinante que une todas las demás herramientas de comunicación disponibles, que actúa como el nodo que los conecta en una red de comunicación en red, o, si se prefiere, al modelo de comunicación de nuestra sociedad”. Según Latinobarómetro, en el 2024, de los 17 países evaluados, la República Dominicana está en la posición No. 1 en la que más se informa en la red. Ya sabemos que alrededor del 67% de lo que sale de allí es falso o manipulación, distorsiones, en sus diferentes vertientes.
La verdad no es su objetivo para crear una sociedad con más desconfianza, con el necesario espacio de creatividad de los actores. Las redes, y nos llega de nuevo una frase de John Milton “… Las tinieblas se disiparon, brillo la luz, nació el orden del desorden”, tienen ventajas y desventajas, enmarcan grandes informaciones y al mismo tiempo, disfunciones. Hoy, son omnipresente en la posmodernidad. Trastocan todas las fronteras y habitan en nuestras intimidades porque como dice Byung-Chul Han en su libro Infocracia “La Tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia”. Las redes sociales constituyen hoy un componente que degrada la democracia, que la erosiona y la involuciona.
Los hechos sociales, la realidad, con sus acciones y relaciones, están profundamente erosionados por las redes sociales, porque en la Sociedad de la Información diría de nuevo Byung Chul Han “las personas están atrapadas en la información. Ellas mismas se colocan los grilletes al comunicar y producir información. La prisión digital es transparente”. ¿Cómo tejer, hilvanar, enhebrar el difícil desafío de los hechos sociales y la realidad social más allá de las redes sociales? El hilo conductor es ir al contexto de la particularidad, de la singularidad, de la especificidad en que tiene lugar y trascender la individualidad en sí misma, sin abstraernos ensimismados del acontecimiento, de la acción social.

























