El cierre definitivo del antiguo Hospital Regional San Vicente de Paúl marca el final de una etapa histórica para la ciudad de San Francisco de Macorís.
Durante décadas, este centro de salud fue el principal punto de atención médica para miles de francomacorisanos y residentes de toda la región Nordeste. Sin embargo, desde este viernes sus puertas han quedado cerradas, tras la entrada en funcionamiento total del nuevo y moderno Hospital Regional Doctor Ángel María Gatón, ubicado en la sección de Guiza.
Sin dudas, la puesta en marcha de este nuevo hospital representa un avance significativo para la salud pública de la región.
Se trata de una infraestructura moderna, equipada con mejores áreas de atención, tecnología actualizada y mayores condiciones para brindar un servicio más digno a los pacientes. Durante años, la ciudadanía reclamó un hospital a la altura de las necesidades de la provincia, por lo que su apertura constituye un logro importante.
Sin embargo, el proceso de transición deja algunas lecciones que no deben ignorarse. Tras el cierre del antiguo hospital, decenas de personas se han encontrado con la sorpresa de que el centro ya no está funcionando.
Muchos acudieron en busca de consultas, emergencias o servicios médicos, solo para descubrir que las puertas estaban cerradas, esto evidencia que el anuncio del traslado total de los servicios no fue reiterado ni suficientemente difundido para que toda la ciudadanía estuviera informada.
En una ciudad con una población tan amplia y con sectores alejados del nuevo centro hospitalario, la comunicación debió ser más insistente. No basta con un anuncio institucional; se requiere una campaña informativa constante, utilizando todos los medios posibles para que nadie llegue a un hospital cerrado en medio de una emergencia.
Como sugerencia razonable, debió considerarse mantener operativa al menos el área de emergencias del antiguo hospital por un tiempo determinado, con ambulancias disponibles para trasladar a los pacientes hacia el nuevo centro en Guiza. Esto habría servido como una etapa de transición para evitar confusiones, especialmente para los residentes de la parte alta de la ciudad, quienes tradicionalmente acudían al San Vicente de Paúl ante cualquier situación urgente.
Ahora bien, también es justo decirlo: la ciudadanía debe ser coherente. Durante años se exigió con firmeza la construcción y puesta en funcionamiento de un nuevo hospital regional. Hoy, cuando finalmente se logra ese objetivo, no resulta lógico que algunos sectores reaccionen con inconformidad ante el cierre del antiguo edificio.
La modernización del sistema de salud necesariamente implica dejar atrás estructuras que ya cumplieron su ciclo.
Lo importante ahora es mirar hacia adelante.
El nuevo hospital debe convertirse en un verdadero referente de salud para toda la región Nordeste, ofreciendo servicios eficientes, humanos y de calidad. Pero al mismo tiempo, las autoridades deben aprender que la comunicación con la ciudadanía es tan importante como la obra misma.
Porque un hospital moderno salva vidas, pero una información oportuna también.