Los dominicanos nos hemos gozado con el pasado Clásico de béisbol, ver a nuestros beisbolistas entregarse y darse en la causa, hasta casi arriesgar su carrera algunos, la expectación de nuestra gente, el apoyo de nuestros líderes sociales y políticos, ha sido una concentración de lo dominicano a todo dar; incluso muchos han escrito al respecto desde diversas ópticas, como mi amigo y hermano el P. Pablo Mella SJ, filósofo e intelectual de primera, a quien conozco desde nuestros años de estudio en el seminario, quien dio una perspectiva interesante de la razón de ser de todas esas vivencias que se hicieron presentes en el evento.
Pero hubo algo que llamó la atención de muchos y que algunos como el inmortal de Cooperstown Pedro Martínez dieron respuesta, y la cuestión fue: por qué los dominicanos, equipo y fanáticos, celebraban la victoria de cada juego como si fuese el único, sin haber obtenido el triunfo final. Y en verdad nos gozamos cada triunfo hasta más no poder, por eso al perder en la semifinal tal vez no dolió tanto, aunque el mal arbitraje nos mató, pero el asunto es que nuestros peloteros sabemos que dieron el todo por el todo, lo cual agradecemos y que ellos como nosotros, lo reiteramos: se lo gozaron. ¡Nos lo gozamos!
Tal vez mucho de eso esté en nuestro ser caribeño y hasta más, pero me quedo con este razonamiento. Recuerdo siendo joven sacerdote trabajando en un barrio de Santiago, una catequista fue donde mí y me habló de la situación de su hogar respecto a su marido, él era ebanista, y un día alguien le pagó un trabajo que le debía, y en vez de llevar el dinero a su casa y pagar compromisos y ayudar las necesidades que había, llamó a sus amigos y se fue el fin de semana de parranda; cuando apareció el lunes, la pobre mujer, me seguía contando, le dijo por qué había hecho eso con tantas necesidades que tenían, a lo que él, con toda calma y tranquilidad le dijo: «Oye, mujer, así como eso llegó, llegarán otros, tranquila y no te apures».
El dominicano en su idiosincrasia vive el momento, no hay mucha preocupación por el mañana, el hoy es lo que cuenta, el mañana vendrá con sus afanes, como dice un dicho por ahí, con todo lo que esta visión de la vida conlleva de negativo y de positivo. Siempre he dicho que nuestro clima y naturaleza no nos ayudan a fomentar una visión de preocupación por el futuro, ya que todo es siempre verde, si en la mañana y en la noche hace un poco de frío, al mediodía siempre habrá algo de calor y como dice un refrán nuestro: «El día más claro llueve», y cuando eso sucede, solo tenemos que guarecernos un momento, que al rato vuelve la calma y de nuevo sale el sol. De todo esto y más se desprende gran parte del ethos dominicano, de que no somos muy dados a procesos muy largos, en cuanto a situaciones de vida, le buscamos la solución fácil a cualquier problemática, fácilmente nos ponemos de acuerdo y rápidamente respondemos a lo que está por delante, el inmediatismo nos precede, no a partir de una irracionalidad e inconsciencia, sino desde una manera lógica y experiencial de vivir nuestro mundo caribeño y dominicano.
Vivimos con pasión el presente, tratamos de agotarlo en todo lo que nos aporta y vemos con demasiado optimismo, hasta casi ingenuo, lo que está por delante, eso que llamamos mañana. Por eso cada victoria del Clásico fue una fiesta, como si hubiese sido la victoria final, no llegamos al último juego, agradecemos a todo el equipo dominicano, que bien sabemos dieron lo mejor de sí, y que desde ya vamos dirigiendo la mirada a la cita que tendremos en el 2028 en los Juegos Olímpicos.