El Portal De San Francisco De Macorís

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Conflicto social, deterioro, degradación y movimiento social

«Una de las cosas que aprendí cuando estaba negociando era que, hasta que no me transformara a mí mismo, no podría transformar a los demás». (Nelson Mandela).

Alguien dijo una vez que «saber y no hacer es no saber». Hoy, esa frase queda superada cuando nos adentramos en los intereses que median, allí donde hay seres humanos. Es más, a veces queremos corregir cargados de buenas intenciones, pero, como dijo Thomas Edison: «Una buena intención, con un mal enfoque, conduce con frecuencia a un mal resultado». Una parte intrínseca de los seres humanos, como parte de su naturaleza social, es el conflicto.

El conflicto es consustancial a la naturaleza humana y, en consecuencia, a toda sociedad, a toda comunidad, a todo grupo social. Porque el conflicto es estructural, es relacional. Se expresa en la materia viva y hasta en la muerte, en tanto el cuerpo inerte se degrada, se descompone, otros emergen en medio de la putrefacción. La convergencia de la vida misma trae en sí el corolario de muchos retos paradójales, contradictorios.

En toda sociedad siempre hay y habrá conflicto; incluso la evolución y los cambios positivos llevan en su vientre conflictos, aún más si son mutaciones, transformaciones negativas. El conflicto es tensión, diferencia, diversidad incomprendida, enfrentamiento, que se origina en el marco de los intereses contrapuestos, de los valores diferentes, de la ideología y de la visión y perspectiva de futuro. De ahí que el conflicto, en gran medida, será siempre estructural y relacional.

El conflicto, al decir de Anthony Giddens, es «lucha por la supremacía entre grupos sociales, que implica tensiones, divisiones e intereses». Para Cristina Purga y Jacqueline Peschard, «el conflicto tiene su origen en intereses diferenciados y se presenta de manera general como la confrontación entre los que defienden el statu quo, o sea la situación establecida, y aquellos que pugnan por su modificación». En las sociedades donde impera un alto grado de pobreza, de desigualdad, de discriminación, de exclusión, allí donde se valora por el prestigio, por el poder, por el dinero.

Como dice Enrique Rojas en su libro El hombre light: «Materialismo, consumismo, hedonismo, permisividad, relativismo, la revolución sin finalidad», coadyuvan, en gran medida, con el deterioro y los conflictos sociales, sobre todo individual. Los actores sociales, la clase social como fundamento estructural bloquea, impide los logros con dignidad de los sectores subalternos. Esto quiere decir que, en países como el nuestro, el peso de la conflictividad deviene, deriva de su propia génesis estructural, donde en un país pequeño cohabitan varias agendas diferentes.

Verbigracia: en la tercera década del siglo XXI el 10,7 % de los dominicanos hace sus necesidades fisiológicas en letrinas y un 1,8 % a cielo abierto. El 25 % de la población no tiene acceso a agua potable y la crisis de los motores y los motoconchistas es la crisis de la ausencia del Estado, al no dar respuesta a las necesidades del transporte público, y luego la crisis del Estado con su falencia, carencia de autoridad, de regulación. Vale decir, la inexcusable inexistencia del Estado problematiza y potencializa aún más el grado de conflictividad social desde la perspectiva societaria, colectiva.

Adicionemos que el conflicto se fragua por el grado de interrelaciones sociales; es una expresión relacional y, en consecuencia, su potencial y/o mengua está determinada por la manera como las élites forjan los mecanismos de una cultura de civilidad, de educación en valores. En la sociedad dominicana, en el 2025, de la tasa de homicidios, la mayor proporción de estos son una consecuencia de las relaciones interpersonales, en la dinámica suma cero. Entre el 60 % y el 65 % en los últimos años es una dinámica de una vida social caracterizada por la violencia de la conflictividad individual. La violencia como cultura aprendida y no la cultura como diversidad y cohesión social.

Pocos hablan de la necesidad de coadyuvar a una mejor cohesión social y a propiciar un capital social más halagüeño. No buscamos la esencia, la raíz de los hechos sociales, de los fenómenos sociales. Ni siquiera los auscultamos desde una visión holística, desde la complejidad que encierra la vida humana. Miremos de nuevo el caso de los motoconchistas:

  1. Son 160 000 motoconchistas de 3 500 000 motores que hay; esto es, solo un 4,5 % del universo de motores vive del motor como herramienta, instrumento de trabajo.
  2. El 83 % de los motoconchistas no terminaron la primaria.
  3. No reciben ni educación vial ni cívica.
  4. Perciben ingresos por el orden de entre RD$ 45 000 y RD$ 55 000 pesos mensuales. Esto quiere decir que su comportamiento no es por los ingresos. La sola ausencia del Estado, en tanto génesis de la problemática (soluciones del transporte público) y como proceso (regulación), ha hecho que el deterioro y la degradación se agiganten, dada la falta de ejemplaridad, confianza e inspiración del Estado durante los últimos 30 años.
  5. Más allá de la pobreza, de la desigualdad que existe de manera significativa —pobreza monetaria: 18 %; multidimensional, alrededor de un 50 %; la desigualdad: 0,38—, lo que genera la conflictividad social es la ausencia del Estado en los territorios y la no aplicación de las normas, de las regulaciones. Ello hace que la deuda social acumulada se acreciente, uniéndose causas de ayer con las causas de hoy.

Ese proceso de agendas de ayer con agendas de hoy penetra en las honduras de todo el tejido social del cuerpo social dominicano, originando la percepción de más deterioro y más degradación, aun cuando los indicadores fácticos de bienestar y calidad de vida hayan mejorado. No olvidemos que la percepción «es el modo en que los individuos y grupos organizan sus impresiones sensoriales, con el fin de darle un significado a su entorno». No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos nosotros. Muy a menudo la percepción subvierte a la realidad misma, sobre todo en un mundo donde la posverdad, la polarización y el populismo caminan por las calles de manera destemplada. ¡Realidad, verdad y falsía nos atolondran con sus matizaciones y sus desencuentros!

Los conflictos sociales, el deterioro, la degradación y el potencial de movimientos sociales que se acunan y anidan en nuestra sociedad son una consecuencia de la calidad de los actores políticos. El capital reputacional brilla por su ausencia; vale decir, la ejemplaridad, que es la credibilidad, se oscurece en una noche sin luna. Es como nos decía Maya Angelou: «Sin valentía, no podemos ejercitar ninguna otra virtud con coherencia. No podemos ser cariñosos, sinceros, compasivos ni honestos».

Los sociólogos, psicólogos y psiquiatras venimos escribiendo y hablando del deterioro social, de la descomposición social, desde hace más de 20 años. El deterioro social está, en gran medida, determinado por la materialidad, como las condiciones materiales de existencia disminuyen en una sociedad. La calidad de vida, su merma, marca de manera nodal el deterioro social. El deterioro social es objetivo y subjetivo. Cambia dramáticamente teniendo un componente de percepción. Insistimos: no siempre percepción es realidad, verdad, pero lleva a los seres humanos a tomar decisiones en función de su percepción, que es también factible de construir.

El deterioro social se cimenta sobre los problemas no resueltos: agua, energía eléctrica, transporte público, caos en el mismo. Sin embargo, el deterioro social se expresa en el aumento de los divorcios, en la ludopatía que crece. En las bancas de apuestas se juegan de manera diaria RD$ 350 millones, RD$ 10 500 millones de pesos semanales y RD$ 127 000 millones de pesos anuales. En la adicción a las drogas y en la adicción al alcohol. En los feminicidios, la violencia doméstica. En las crisis que dijera hace cuatro años el Foro Económico Global: a) financiera, b) geopolítica, c) cambio climático y d) la velocidad de la alta tecnología.

Hoy el panorama es más pasmoso, más pavoroso, sobre todo a partir del 21 de enero de 2025 con el ascenso de Donald Trump al poder de Estados Unidos. La incertidumbre y la volatilidad nos están apabullando, acogotando a la humanidad, con mayor grado de intensidad a partir del 28 de febrero del presente año con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Todas las crisis se han acelerado y recrudecido. El costo de la vida y la calidad de los servicios públicos se deterioran, produciéndose un clima de deterioro social.

La degradación social es hermana gemela del deterioro social. La degradación es el deterioro social llevado a un clímax, a un nivel más alto, de mayor calado, de mayor intensidad en los individuos y en gran parte del cuerpo social. Es como el estado de locura, la alienación total, de una persona o de un grupo determinado. Por ejemplo: en el último mes dos hombres cometieron infanticidios con sus niños, una violencia para poner a sufrir a las madres. Los cinco policías que fueron a Santiago y asesinaron a varias personas. El coronel que no era la primera vez que cometía actos de violencia y no fue desvinculado por la institución de 87 años de fundada. La muerte del chofer por parte de varios motoconchistas, un signo ignominioso que va más allá del comportamiento colectivo y la anonimia. Es expresión cruel de la degradación social.

Nos adentramos ahora a un clima potencial de movimiento social. ¿Cuáles son las condiciones sociales que propician los movimientos sociales?

  1. Desorganización social.
  2. Frustración.
  3. Inseguridad.
  4. Descontento generalizado.
  5. Anomia y alienación.

En nuestra formación social, triste es verificarlo, interactúan de manera recurrente cuatro, priorizando su jerarquía en la temporalidad y el contexto. Pero, ¿qué es un movimiento social? Para Anthony Giddens y Philip Sutton, «es un intento colectivo de promover un interés común o de lograr un objetivo común, que se lleva a cabo principalmente por medio de acciones fuera de la esfera de las instituciones políticas formales y establecidas». Bruce J. Cohen nos señala: «Un movimiento social existe cuando un grupo de individuos está comprometido en un esfuerzo organizado, ya sea para cambiar o para mantener algún elemento de la sociedad». En gran medida, los movimientos sociales constituyen, hoy por hoy, los catapultadores y catalizadores como agentes del cambio social.

Marcha Verde, Loma Miranda, Los Haitises y la Cementera, 4 % a la Educación, Plaza de la Bandera y ahora los grupos de lucha por el medio ambiente en San Juan: Agua y Vida. En el movimiento social en Los Romeros, San Juan, se fraguaron tres etapas de cuatro que hacen posible un movimiento social: fermentación, incitación y organización. No llegó a la institucionalización, pues en el tercer paso logró su objetivo. Los movimientos sociales se han convertido en las vías más expeditas de los cambios sociales y políticos, ora de manera negativa o positiva. Son herramientas, instrumentos de la acción colectiva. Por ello, tenemos movimientos sociales: regresivos, conservadores, reformistas, revolucionarios, migratorios, utopistas, etc.

Como nos dice el Informe de Riesgo Político América Latina 2026: «El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para la región, tanto por la complejidad del escenario global como por la convergencia de profundas transformaciones políticas, electorales, económicas y sociales en el ámbito latinoamericano. La transición hacia un sistema internacional más fragmentado, competitivo y menos previsible». El deterioro, la degradación y el potencial de movimiento social solo disminuyen si somos más proactivos y dejamos aquel viejo paradigma que decía «las deudas viejas no se pagan y las nuevas se dejan poner viejas».

Necesitamos de un nuevo liderazgo más inspirador que se constituya en el parador de la ejemplaridad, la confianza, la credibilidad y el capital reputacional para conducir las transformaciones necesarias. Hay que internalizar la frase lapidaria de Oprah Winfrey: «Todos estamos llamados. Si estás aquí respirando tienes una contribución que hacer a nuestra comunidad humana. La auténtica tarea de tu vida consiste en descubrir lo antes posible tu función, tu parte en el todo, y dedicarte entonces a la empresa de cumplirla como solo tú puedes hacerlo».