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Impacto del nuevo orden mundial en la educación superior

Estamos frente a un nuevo orden mundial que parece indetenible y complejo. Su ritmo es vertiginoso y hasta violento. Deja muy poco margen al razonamiento lógico y al discernimiento humano. Este nuevo orden mundial produce rupturas de las que derivan alertas y riesgos. Nos alertan con respecto a la calidad, a la estabilidad de la democracia y al respeto a tratados y normativas internacionales. De igual modo, estas alertas y riesgos son aplicables al funcionamiento ético de los gobiernos y de las instituciones. En esta misma dirección, se aplica al respeto a los derechos humanos y a las reglas del mercado. Se visualiza un mundo roto, cuyos trazos de esperanzas se perciben cada vez más confusos y desalentadores. Los nuevos tiempos geopolíticos, científicos, tecnológicos y éticos nos interpelan y desafían. Esto requiere toma de posición definida y articulación en red. Además, precisa de una estrategia de transformación de un orden mundial que reduce el sentido humano, afirma la violencia sistémica; y vulnera el sistema democrático y los derechos de los actores.

El nuevo orden mundial del que participamos no tiene nada de ingenuidad. Todo está fríamente calculado y planificado. Por tal motivo, es necesario que se arbitren los medios necesarios para la superación de posturas ingenuas y ambivalentes. Hoy, más que nunca, se necesita lucidez mental, educativa y sociopolítica. En este sentido, las instituciones de Educación Superior han de ponerle fin al letargo, al aislamiento de la problemática social y educativa de hoy. El nuevo orden mundial impacta a las IES y éstas no se dan cuenta; continúan con prácticas y concepciones distantes de los requerimientos actuales. El impacto del nuevo orden mundial demanda respuestas distintas en dimensiones y ámbitos diversos. Es importante destacar algunos de estos: les demanda una mirada y una acción más comprometida con las problemáticas sociales en lo local y en lo regional. Asimismo, demanda un modo diferente de concebir y orientar la inserción de la academia en la sociedad. Las IES han de convertirse en actores conscientes y responsables. De otra parte, han de reducir la postura consumista y desplegar esfuerzos para producir con base científica.

La producción científica de las instituciones de educación superior ha de abrirse paso por encima de la reproducción de lo que otros dicen y de las toneladas de fotocopias que circulan en su interior. Se necesita esta producción para orientar decisiones y políticas sociales y educativas de los gobiernos. La lucidez que pueden exhibir las instituciones de educación superior no siempre se observa en los que gobiernan el país. Por ello, estas instituciones necesitan mantenerse actualizadas y dispuestas a redireccionar su acción para contribuir con el fortalecimiento de la democracia; y de la equidad social y educativa. Las instituciones de educación superior han de repensar y transformar los planes de estudios que proponen y desarrollan. Hay que retornar la filosofía, las ciencias sociales y la formación para una ciudadanía critica, global y corresponsable. Este modo de ser ciudadano y de ejercer la ciudadanía ha de transparentarse y afirmarse en el seno de la institución de educación superior.

La formación que requieren las personas que reciben el influjo de disrupciones del mundo ha de ser consistente, generativa; con visión y apertura mental para comprender y actuar en contextos cambiantes. La formación que oferta la educación superior ha de volver a la persona como epicentro de la revolución científica, tecnológica, política y económica. Ha de mirar a la persona como núcleo de las maravillas de la Inteligencia Artificial y de los descubrimientos neurocientíficos. El nuevo orden mundial reta a las instituciones de educación superior para que salgan de su nicho y se abran a las oportunidades que les permite separarse de la rutina y ampliar su visión del mundo; y de los desafíos y compromisos como academia.

Las entidades de educación superior tienen el reto de constituirse en una red que repiense las concepciones, el modo de actuar y su relación con el contexto. El trabajo conjunto, la postura colaborativa y el deseo de aprender institucionalmente son acciones necesarias en los tiempos propios del nuevo orden mundial. El caminar conjunto fortalece y diversifica los saberes, las experiencias y las relaciones con las ciencias. El pensamiento y la construcción plural constituyen una garantía para hacer avanzar la academia. La afirmación de intereses, la dependencia de políticos, de gobernantes y de empresarios ha de ser superada. Organizarse para sobrevivir en estas condiciones convierte a la academia en un instrumento poco útil para la transformación, para la innovación. Este nuevo orden les exige la criticidad que aporta equilibrio; y sabiduría académica y científica.

El nuevo orden mundial relega la ética a un nivel preocupante. El poder de las guerras, del mercado y de las tecnologías sin humanidad desplazan el valor de las personas, conculcan los derechos básicos. La indiferencia ante este problema confronta a las instituciones de educación superior. Las conmina a revisar el sentido de su misión y de su compromiso con el desarrollo integral del país.