La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los motores tecnológicos más poderosos de nuestra época. Su capacidad para procesar información, automatizar tareas y generar conocimiento abre posibilidades inéditas para el progreso humano. Sin embargo, como ocurre con toda revolución tecnológica, también plantea una pregunta esencial: ¿servirá para reducir la pobreza o para profundizar las desigualdades existentes?
La historia nos demuestra que las grandes transformaciones tecnológicas no son neutrales. La revolución industrial, por ejemplo, generó riqueza extraordinaria, pero también produjo décadas de explotación laboral antes de que las sociedades desarrollaran regulaciones, sistemas educativos y políticas públicas capaces de equilibrar sus efectos. En dominicana estamos trabajando en el área gubernamental con la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, conocida como la ENIA, y el Ministerio de Educación aprobó el martes pasado, 17 de marzo, 2026 su Estrategia Nacional de Educación Digital haciendo énfasis en el Pensamiento Computacional y la Inteligencia Artificial. Estaremos recomendando al mismo ministro, Dr. Luis Miguel De Camps, presidente del CNE, y a la viceministra de Asuntos Técnicos y Pedagógicos, Dra. Schecker, quién es la persona que desde su despacho debe haberse elaborado una buena pieza.
Aún así todos deben saber que ni el Decreto presidencial que impulsa la ENIA, ni la Estrategia del CNE, NO son leyes. La Ley de IA Ética está en la mesa todavía en diálogo, hasta donde yo tenga conocimiento que debo saber como Asesora de la Comisión de Educación que es la comisión a la que se le envió la Ley desde el Senado en pleno, para trabajarla en diálogo democrático, y presidida por el Dr. Rafael Barón Duluc Rijo, Senador por la Provincia de la Altagracia.
Nosotros llevábamos dos años (desde enero 2023) escribiendo en este periódico ACENTO, y muchos autores de su pluma, igual o más versados que yo no le hemos quitado el tiempo que una Ley como la nuestra en un país de tantas “peculiaridades” como la Tierra de Quisqueya, la Bella.
La inteligencia artificial se encuentra hoy en una etapa como la que describo sin ánimo de querer festinar lo que será una ley que abriga los principios de la Ética, y su impacto en las Normas que rigen la conducta de los ciudadanos de nuestro pueblo, para ver si “pegamos” en la igualdad, la inclusión y los derechos que nos asisten a todos los dominicanos. Ojalá que con esta ley cuando se termine y se promulgue con el texto del Senado y la Cámara de Diputados, en una sola pieza..
Por un lado, puede convertirse en una herramienta formidable para combatir la pobreza. La IA permite mejorar la productividad agrícola, optimizar sistemas de salud, ampliar el acceso a la educación mediante plataformas inteligentes y fortalecer la gestión pública a través de análisis de datos que permiten diseñar políticas sociales más eficaces.
En educación, particularmente, la inteligencia artificial puede apoyar procesos de aprendizaje personalizados, identificar tempranamente dificultades en estudiantes y ampliar el acceso al conocimiento a través de recursos digitales accesibles desde cualquier lugar.
Pero al mismo tiempo, la IA también puede agravar las desigualdades si su desarrollo y acceso quedan concentrados en pocos países, empresas o sectores sociales.
La automatización de tareas puede desplazar empleos tradicionales, especialmente aquellos que dependen de habilidades repetitivas o de baja cualificación. Sin políticas de formación y reconversión laboral, millones de trabajadores podrían quedar en condiciones de mayor vulnerabilidad.
A esto se suma la brecha digital. Allí donde no hay conectividad, dispositivos ni alfabetización tecnológica, la inteligencia artificial simplemente no existe como oportunidad.
Por eso el desafío central no es tecnológico, sino político y ético.
Los países que aspiren a que la inteligencia artificial contribuya a reducir la pobreza deberán priorizar tres grandes decisiones estratégicas:
Primero, invertir de manera sostenida en educación, particularmente en el desarrollo de capacidades digitales y pensamiento crítico desde los niveles básicos.
Segundo, garantizar acceso equitativo a la infraestructura digital —conectividad, dispositivos y plataformas— para evitar que la revolución tecnológica quede reservada a minorías privilegiadas.
Y tercero, construir marcos regulatorios que orienten el uso de la inteligencia artificial hacia el bienestar colectivo y no únicamente hacia la maximización del beneficio económico.
La inteligencia artificial no resolverá por sí sola el problema de la pobreza. Pero utilizada con visión social, ética pública y liderazgo político responsable, puede convertirse en una herramienta poderosa para ampliar oportunidades y mejorar la calidad de vida de millones de personas. En nuestro país, con tantas desigualdades y situaciones que convierten a lis pobres, a los sin dinero, en verdaderos limosneros dicho de manera subliminal y con la autoridad moral que tengo para a partir de la Ética plasmar en palabras que mi corazón llora y mi pluma tiembla … Pero hay esperanzas, que como Cometas al vuelo, nos asegura, que si se quiere, se puede, y si se puede, hay con qué cubrir su costo ….
Esto implica invertir en educación, fortalecer las capacidades docentes, expandir la infraestructura digital y diseñar políticas públicas que coloquen la innovación tecnológica al servicio del desarrollo humano.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para combatir la pobreza, pero únicamente si se integra dentro de una visión de desarrollo que priorice la inclusión, la equidad y el bien común.
En última instancia, la inteligencia artificial no sustituye la responsabilidad de los Estados ni el compromiso de las sociedades con la justicia social. Más bien, nos obliga a replantear una vieja pregunta con renovada urgencia: ¿para quién se produce el progreso?




















